jueves, 16 de julio de 2015

Viñedos del Contino Selección Jesús Madrazo 2011.



Catar y degustar este Selección Jesús Madrazo en presencia de su padre espiritual es una de esas experiencias magníficas que quien dirige este espacio de divulgación de la cultura vitivinícola sabe apreciar cuando de búsqueda y encuentro de la excelencia se trata.
La referencia en cuestión esta basada en una selección de uvas de tempranillo y graciano, con una maduración de veinte meses en barricas de madera nueva de roble francés, húngaro y americano, incluyendo el habitual y mimoso trato que Chus Madrazo lleva a cabo con sus catas personales de barrica y su procedimiento de introspección en bodega, buscando siempre el mejor trato que la madera proyecta en la fruta.
Muchos se plantean cual es el secreto de los vinos de Contino, cuales son los rasgos que durante el cultivo y la elaboración dan lugar a vinos plenos de elegancia y personalidad, respetuosos con la tipicidad del terreno y la zona, muy en clave vino fino de Rioja. Y en lo que a mi respecta considero que el trabajo y esfuerzo de un hombre que ha mamado en las fuentes del ambiente laboral de bodega desde temprana edad, que sabe diferenciar con estilo la excelencia de lo simplemente correcto y que hace de sus elaboraciones casi un ritual, sin olvidar las peculiaridades de cada cosecha, es parte de esa clave, de eso que algunos llaman secreto como queriendo conjugarlo con magias y alquimias más literarias que pragmáticas.
El Selección Jesús Madrazo en edición de añada 2011 plantea en copa parada un color apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura. Nariz que habla de fruta roja y negra en sazón, con fragancias de ebanistería en segunda instancia que se mezclan con recuerdos de flores, matices silvestres y balsámicos, con una racha láctica muy ligera que termina desembocando en una afluente que me ha recordado a bombón inglés sobre un río de cacao que surge entre insinuaciones.
Buena complejidad en el perfume, es una vino profuso en cuanto a expresión aromática, intenso y muy elegante.
La boca se abre con una sabrosa frescura, sostenida traza de acidez que se prolonga y que lleva hasta el paladar las sensaciones de fruta, con los taninos orgullosos y alzados en media seña, golosura, con ese efecto que yo acostumbro a identificar como ducha de fruta que llena las papilas y que motiva la salivación. Bravío y elegante al mismo tiempo, plasma una franca seña de persistencia, se percibe la graciano con una clase excepcional acompañando a la tempranillo y dándole una escolta excepcional.
Impetuosa carga frutal en la retronasal, dando memorias de cerezas, ciruelas rojas y negras, algunas moras, bautizando la segunda zona con fina ebanistería, tonos florales y de matorral y finalizando en un relajado lago de sapidez del que surgen unos suaves efectos de cacao.
Una magnífica añada para el selección de Chus Madrazo que califico como más que muy recomendable y que a buen seguro tendrá en botella, mediando una guarda responsable, un más que glorioso destino de futuro. Eso para quienes puedan considerar la guarda, porque el vino ya tiene un presente lleno de esplendor.

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