martes, 7 de julio de 2015

Domaine Bruno Clair Chambolle-Musigny ¨Les Véroilles¨ 2012.



Uno de esos vinos que desde el primer instante te cautivan gracias a una sensación de elegancia que no me cansaré de aplaudir. Bruno Clair es nieto del legendario valedor del famoso Domaine Clair-Daü, Joseph Clair y defiende una rigurosa selección de viñas a la hora de hacer vinos plenos, llenos de fruta, sinceros, sin fertilizantes químicos y con utilización de compost, haciendo valer una vendimia manual en la que prevalecen los racimos y granos más atractivos en base a una selección que persiste en bodega con la colocación de la fruta en depósitos abiertos de madera, procediendo a un despalillado y a una posterior fermentación alcohólica lenta y apoyada en levaduras indígenas.
Proceso que se prolonga entre catorce y veinte días y que deja paso a una maloláctica que precede al comienzo de la maduración, que tiene lugar en barricas de roble francés, con una proporción de madera nueva que en función de las características de cada cosecha y de la decisión del enólogo varía entre el veinte y el cincuenta por ciento, con un periodo de crianza que oscila entre los dieciseis y los veintidós meses.
Una pinot noir llena de viveza, con una amplitud de expresiones frutales que captan la atención de nuestros sentidos, siempre atentos a la cata, robustez, equilibrio y volumen, motivando en el paso la salivación, delicadas notas procedentes de los taninos, que enseñan credenciales golosas y finas, bondadoso y amable acaricia el paladar, evidenciando una franca persistencia muy en clave varietal.
La retronasal habla de cerezas, frambuesas y grosellas, confirmando un primoroso primer tercio aromático, habla en segunda instancia de muy ligeros especiados y algunos guiños silvestres en clave arbusto y flores, lavanda y pétalos de rosas rojas, marcando un final que en esta fase retronasal evidencia más intensidad mineral que la reflejada en la cercanía de fragancia.
La complejidad esboza en segundas aproximaciones a la copa algunos detalles que profundizan aún más si cabe en las frutas rojas e incluso en algunas memorias de drupa negra madura, con un retorno final de suave sapidez y unos puntos largos de salinidad.
Es sutil en efecto, pero al tiempo bautiza la boca, las encías y el paladar con una magnífica sensación frutosa, que calificaría sin rubor como espiritual, como de terroir, con un sentido que engrandece la leyenda de los Chambolle-Musigny borgoñones.
Sabroso, largo y con la fruta como principal reclamo.
Lo califico en esta añada 2012 como más que muy recomendable.
Con una guarda esmerada y responsable en botella podrá ganar aún más enteros.
Presente soberbio, futuro más que prometedor.

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