domingo, 19 de julio de 2015

Bodegas Mitarte Tatos 2012.




Es siempre un placer catar y degustar referencias de esta bodega de Labastida en donde el concepto varietal sobresale con fuerza por encima de otras circunstancias. Mitarte es una bodega cuya principal peculariedad reside en la influencia del buen trato viticultor que sus responsables, la familia Gil Orive, mantienen durante todo el ciclo biológico de la vid, con una amplia tradición que en tierras de Labastida y por ende de la zona alavesa de la denominación de origen Rioja se muestra casi siempre con un orgullo de raices ancestrales.
Catar el Tatos de Mitarte, cuya muestra me fue entregada de modo desinteresado durante una reciente visita a la bodega, ha sido un auténtico capítulo de elogio a la garnacha, a esa varietal tan nuestra, que muchas veces queda eclipsada por la tempranillo y que sin embargo plantea sin disimulo una reivindicación propia, la de su espacio, ese punto que algunos tanto apreciamos y que no nos cansaremos nunca de defender.
Obra del Genio y la Tierra, el eslogan de Mitarte, se afianza con solvencia en este vino, un monovarietal que se elabora con frutos procedentes de las tres hectáreas de viñedo plantado con cepas de garnacha, propiedad de la familia. Maduración durante ocho meses en barricas de madera de roble francés.
Seis hermanos y seis diseños de etiqueta para el mismo vino, un sincero y original homenaje al iniciador de la saga, Don Santiago. 
Por cierto y por simple curiosidad, mi botella, la de la etiqueta verde, representa a María. Todo un honor.
Copa parada que manifiesta un color apicotado de buena intensidad con reflejos púrpura, nariz que desliza sensaciones amplias de fruta roja en sazón, anotando en segunda instancia algunos puntos que identifico como balsámicos y silvestres, amplificando en el final de fragancia junto con un sentido y hermoso detalle de evocación mineral.
No esconde su personalidad de vino de terruño, es sabroso y pleno durante el arranque en boca, prende la comedida traza de acidez que sin embargo enciende con creces un buen tono de frescura, siempre la fruta dominando la escena, llenando boca y paladar de cientos de memorias de frutos rojos y guiños de arbusto de monte bajo. Fluidez en el avance, con un sentido fino en cuanto a los taninos, golosura y una seña de varietal persistencia.
La retronasal habla de cerezas, fresas de mata, frambuesas, con jara y tomillo en el segundo plano, incluso algunas flores silvestres de roja cromática, apostando en el final por una sugerente esencia balsámica ligera y un epílogo en donde vuelve a surgir ese apetitoso tono pizarroso que tanto encandila.
Un gran vino, una garnacha digna de aplauso, que en esta añada 2012 califico entre muy recomendable y más que muy recomendaable. Muy sugerente. Por cierto y para quienes gusten de conocer premios y galardones, este vino fue condecorado con plata en el certamen Garnachas del Mundo 2015.

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