miércoles, 29 de julio de 2015

Arizcuren Bodegas y Viñedos Sólo Mazuelo 2013.




Conocí a Javier Arizcuren Casado durante una reciente cata y fue ese mismo día cuando pude degustar por vez primera su vino, un monovarietal de la casta mazuelo que antes de su salida al mercado apareció en la mesa sin etiquetar.
Meses más tarde con el vino ya dando sus primeros pasos entre consumidores, bailando con lobos,  Javier me acercó una botella al objeto de mi cata y análisis personal.
Un vino tinto de la Rioja Oriental, de familia, con uvas procedentes de esa viticultura riojana tan tradicional y por supuesto legendaria, que Javier presenta con un proceso sencillo de vinificado, vendimia a primera hora de la mañana, con despalillado y una maceración prefermentativa en frío que se prolonga durante un periodo de entre dos y cinco días. Posterior fermentación alcohólica sin levaduras exógenas, remontados y bazuqueos diarios, con descube y maduración de cinco meses con crianza sobre lías que tiene lugar en bocoyes de quinientos litros, madera de roble francés y americano. Cinco meses adicionales, ya sin el recurso de las lías.
En el momento de la cata que procedo a comentar el vino llevaba en botella ocho meses.
La fruta empleada se vendimia en las viñas de la finca La Cantera, localizada en las laderas de la Sierra de Yerga, un paraje de la Rioja Baja que da lugar a magníficos vinos, muchos de ellos hechos con el corazón.
Varietal de alto rendimiento, vigorosa y tánica, suele facilitar vinos tintos con notable intensidad cromática, cuestión que en el caso que nos ocupa y en cata ciega llegó a despistar un tanto a los presentes. No es que su color no imprimiera intensidad a la copa pero sí es verdad que dejó señas de menor concentración escénica de la prevista, teniendo en cuenta la varietal de la que se trata.
Anecdotario aparte, en copa parada muestra un bonito tono apicotado con reflejos violáceos, deslizando en nariz sensaciones de fruta roja y negra en sazón, con algunos tonos florales ligeros y una vertiente final balsámica bien ajustada al conjunto. Un suave guiño láctico muy agazapado que sólo se adivina en una segunda aproximación.
En boca arranca con un argumento de notable frescura, bien en su traza de acidez, resuelta y armada, amplifica la fruta por encima de cualquier otro descriptor, con los taninos golosos y finos, seña de jugosidad frutosa que cubre el paladar, muy sugerente, que conjuga un determinado tonos de flores violetas.
En algunos instantes y en cata ciega algunos de los presentes confunden el vino con un monovarietal de garnacha, e incluso uno de ellos con un graciano, aunque a mi juicio esta casta concede al vino mayores cotas de acidez y dificultad, sobre todo cuando hablamos de añadas bastante recientes.
Ligero y suave en su avance, viveza frutal y buen equilibrio.
Persistente en clave media alta, evidenciando en la retronasal memorias de frambuesas, fresas de mata y moras, deslizando un tono de pétalos de violetas y afirmando en el final un buen tono de sapidez, guiño de sugerente y comedido amargor y una personalidad balsámica de regaliz que redondea su expresión, aportando más longitud.
Lo califico en esta añada 2013 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Les gustará porque más allá de su amable condición, tiene un punto indudable de fina personalidad propia.


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