domingo, 28 de junio de 2015

Parar y reflexionar, por la tolerancia.


Quienes siguen mi blog desde hace ya algunos años saben que mi compromiso con las entradas diarias en este espacio de difusión de la cultura vitivinícola muy pocas veces han tenido pausa. Entre una y tres al día son parte de mi actividad como catador y escritor de vinos.
Con los atentados de Charlie Hebdo en París hice la primera excepción a la regla y ayer quienes buscaron la entrada del día se encontrarían con la ausencia, con el silencio como respuesta. Un silencio de respeto, de homenaje a todas las víctimas de Francia, Túnez y Kuwait, y desde luego un homenaje a todos las víctimas que a diario caen en los campos de batalla y exterminio de Siria, Iraq, Yemen, Afganistán ó Libia.
La locura, el fanatismo, el terror se van apoderando poco a poco de nuestra sociedad, ese foco internacional en donde a veces el debate no es suficiente como solución a los conflictos. Lo que la chifladura gratuita, la barbarie irracional está sembrando en nuestro mundo, merece cuanto menos una parada, una reflexión, un punto de respeto.
Parar y reflexionar, aparcar las botellas y el sacacorchos a un lado, se me hizo casi una obligación personal cuando mis retinas comenzaron el viernes a divisar tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta locura. Pero nadie me achaque hipocresía por condenar estos atentados y descuidar el hecho de que a diario son asesinados cientos y cientos de personas en los campos de batalla ya mencionados.
Me consta que los medios de comunicación a veces se revuelcan en lo llamativo, en el escenario, en los intereses occidentales, más que en el hecho objetivo de que el polvo del desierto lleva unos años ensangrentándose sin que la comunidad internacional parezca hacer más que entristecerse y lanzar comunicados sin más continuidad que la que proporciona el presente y olvida el futuro.
Los asesinatos de ayer fueron brutales, trágicos, insensatos, salvajes e infernales.
Lo cierto es que para quienes escribimos de vino, moda ó arte, este derramamiento de sangre continuado es algo más que una noticia recurrente en un periódico ó un telediario.
Es un ataque a la sensibilidad, al ser humano, al humanismo y la creatividad. Una aberrante razón para olvidar por un día ó dos la rutina.
Ayer en El Alma del Vino no hubo vino, sólo silencio y respeto.
Hoy en El Alma del Vino hay motivo y reflexión.
Tan sólo nos queda esperar que alguien haga algo al respecto de una vez, antes que sea tarde.
El fanatismo se retro alimenta con la pasividad de quienes vemos y miramos a otro lado.
Y el fanatismo se combate con la educación desde la escuela, con más medios económicos que logren que ese mundo que a los occidentales nos resulta tan misterioso y desconocido pueda avanzar hasta objetivos de formación y conocimiento. La cultura tiene una posibilidad y es a través de ella como, en una ó dos generaciones más adelante, podremos convivir mundos diferentes con raciocinio y sinceridad, compartiendo en la discrepancia y buscando puntos comunes para avanzar en pos de un mundo más humano.
Hoy en El Alma del Vino, la prescripción no va dirigida al vino.
Hoy va dirigida a parar y reflexionar.
Nuestras generaciones futuras nos lo agradecerán, aquí y en Siria y Libia.
No lo duden.

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