martes, 30 de junio de 2015

Domaine Marcel Deiss Rotenberg 2005.






Cuando a uno le encargan armonizar un grandioso salmón elaborado por la buena mano de un grupo de cocineros encabezado por Ibon Andraka, director de la Escuela de Hostelería de la Universidad del País Vasco con sede en la localidad vizcaína de Leioa, con un vino, la responsabilidad en la labor hace que se junten fuerzas con imaginación y todo ello desemboque en algo más que un vino, una elección clamorosa que reúna elegancia con intensidad, buen marchamo de fruta con un punto de la mineralidad que los vinos del alsaciano Domaine Marcel Deiss siempre ponen en escena.
Lo de la mineralidad en los vinos blancos y a pesar de que aún hay mucho bebedor que lo pone en duda, no es una especie de piedra filosofal, ni siquiera un Santo Grial que haya que temer en caso de encontrarlo. La mineralidad en los vinos es un factor descriptor de las condiciones del suelo en donde se endereza la viña que da lugar al fruto y que por aquello de la mágica alquimia vitivinícola se traduce en la copa, expresando tanto en nariz como en boca, una suerte que alcanza la salinidad, la terrosidad,la roca húmeda, con esa percepción que a veces recuerda al olor de la piedra en las tardes estivales tormentosas. La mineralidad en este Rotenberg de Marcel Deiss en su edición de añada 2005 trasciende del esnobismo, de la capacidad creativa e incluso de la simple aunque fructífera imaginación.
Diría yo que es casi una evidencia objetiva que hasta el más soso de los bebedores ó catadores que pululan por bares, ferias y vinotecas del mundo debieran atestiguar. No lo establezco como obligación aunque sí como regla fehaciente.
Riesling y pinot gris unidas para la gloria en un Rotenberg altanero, con la fruta madre procedente de viñedos asentados en suelos de composición férrica y caliza, tierra roja aclimatada bajo el calor del sol y que goza de una inclinación cardinal este.
Tras la vendimia se procede con un suave prensado durante un día, con uso de levaduras indígenas para  acometer la fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, la cual se extiende durante seis jornadas, sin desarrollar maloláctica posterior.
La filosofía de la maison Deiss busca siempre llevar a sus vinos la personalidad del terreno, las circunstancias de complejidad y diversidad de cada cosecha, enfatizando ese componente mineral del que ya he hablado y acoplándolo a la virtuosa fruta.
En copa parada muestra una cromática amarilla dorada con buen brillo, aportando en su primera aproximación nasal recreos aromáticos de cítricos, flores y sugerente melosidad de media escala, que conduce a un final de fragancia en donde comienzan a divisarse guiños minerales, que serán mucho más intensos en boca.
En segunda y tercera cercanía olfativa, el vino se muestra más abierto, más contundente, con los recuerdos de limón y jazmín juguetones, alzando un estandarte balsámico y ese mismo perfume final que se adhiere a un concepto de amable mineralidad.
La boca ofrece la virtud del equilibrio, con una viveza que pilota la acidez, de buena traza y empaque, perfilando un avance untuoso, con guiños dulces que se dejan dominar, satisfechos, por la clarividencia de fruta y frescura. Gozosa la viva aún frescura de esta añada 2005 que nos lleva a una persistencia apreciable y a una retronasal que deja recuerdos de limón, ciruelas claudia y un guiño fino de membrillo, deslizando gratitud floral blanca y amarilla, danzando a continuación con una armonioso baile balsámico, este menor, y un apoteósico epílogo en donde la mineralidad tan anunciada en nariz, se consolida como factor gratificante para el catador.
Hay profundidad, concentración, longitud y buen equilibrio.
Hay en suma, un gran vino, que a mi al menos me entusiasmó.
Con el soberano salmón que nos prepararon Ibon, Jon y Oier, desde luego fue más que recurrente argumento, la excusa perfecta para lograr altas cotas de gozo personal.
Califico este Rotenberg 2005 de Deiss entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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