martes, 23 de junio de 2015

Château Smith Haut Lafitte Blanc 1998.





Adquirí esta botella durante una visita del pasado a la localidad de Saint-Emilion y hace pocos días quise compartirla con un grupo de buenos amigos durante una comida profesional de hermandad en Bodegas Muga. Guardada, olvidada en un rincón de mi vinoteca particular, hizo acto de presencia en formato cata ciega para disfrute de los presentes.
Fue complicado de reconocer, nadie averiguó su identidad, y si bien es cierto que yo conocía su presencia entre un grupo de más botellas, siendo sincero debo reconocer que la identidad de este Smith Haut Laffite Blanc en edición de añada 1998 se mantuvo oculta durante gran parte de su cata.
Conjunción varietal de las castas blancas sémillon y sauvignon blanc con la seña de una indudable crianza sobre lías, con el procedimiento de battonage correspondiente, evidenciando en copa parada una cromática amarillo dorada brillante, reflejos de oro viejo, matizando en su proximidad a nariz recuerdos de fruta cítrica y blanca con hueso, membrillo y frutos secos, dejando en segunda instancia algunos apuntes florales de menor empaque y un recurso de fragancia que se me antoja herbáceo y vegetal. Buena complejidad que avanza y va armando mayores cotas de personalidad a medida que el vino va pasando minutos de servicio, algunos lácticos suaves y un recuerdo de perfume balsámico cierra el espectáculo aromático.
Boca amplia y que recrea buena viveza, con la acidez aún delineada en el avance, firme en el paso, con textura untuosa y un amplio repertorio herbáceo en la retaguardia, alcanzando el paladar con buenas dosis de propia personalidad. Elegante y discrepando con algunos de los presentes, pleno en cuanto a presencia de fruta, esta abriendo sus puertas a medida que progresa el ejercicio de cata, con la retronasal  en franca seña de impacto, mostrando evocaciones de ciruelas claudia, melocotón de viña, gajos confitados de limón, membrillo, punta breve de flores amarillas, nueces y un fino punto cremoso procedente de la madera, hablando en el epílogo de resinas y alzando para cerrar el ciclo un estandarte vegetal que recuerda a hierba fresca y arbustos silvestres.
Lo califico en esta añada 1998 como muy recomendable.
En buen momento de degustación para los que admiran los vinos blancos que crecen en botella.


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