jueves, 21 de mayo de 2015

Mandrágora Vinos de Pueblo Tragaldabas 2013.




Una auténtica gozada catar y degustar vinos como el que ocupa el protagonismo de esta entrada de hoy en el blog, que recoge ya desde su mismo nombre de bautismo, Tragaldabas, parte de la leyenda y el folklore castellano leonés, mencionando de ese modo al Tío Tragaldabas, que en otras zonas de España admite otros apelativos como el bilbaino Gargantúa ó el pamplonés Caravinagre.
Muñeco de amplias fauces y aparatosa morfología en cuyo interior posee un tobogán por el que los niños de muchas generaciones nos hemos deslizado sirviendo de jovial y fingido alimento al orondo personaje.
Los cuatro amigos que se cobijan detrás de Mandrágora Vinos de Pueblo, nombre que me encanta; Silvia, Rebeca, Nacho y César presentan en sociedad este vino, que tuvo su primera añada en el 2012 y que ahora continúa desplegando toda su personalidad con la edición de cosecha 2013, amparado en frutos de las castas varietales rufete y en menor proporción aragonés, procedentes de vendimia en viñedos seleccionados y localizados en los términos municipales de Molinillo, Garcibuey y Miranda del Castañar, asentados en suelos de composición granítica, pizarrosa y corneana.
Fermentado con levaduras autóctonas y en parte manteniendo la uva entera, raspón conservado, mediando diferentes macerados.
Acredita un periodo de nueve meses en tinos de madera nueva de roble francés y en barricas usadas de idéntico perfil.
En copa parada ofrece una cromática apicotada suave con reflejos grana e incipientes rubídeos, deslizando en nariz sensaciones que recuerdan a fresas de mata y frambuesas, algunos detalles de flores rojas y violeta, guiño especiado y tono cremoso, láctico, que aparece detrás de los matices que desarrolla la fruta madre. Finaliza con algunas evocaciones de fragancia silvestre, arbusto de monte bajo.
La fruta y su intensidad se recrean en la boca, con una entrada golosa, suave y bien perfilada, la nota jugosa de la rufete se amplifica en el avance, mostrando una sustanciosa y cordial frescura, viveza que exhibe algunos credenciales que definiría como crepitantes, amable en su progresión, sabrosa percepción.
Uno de esos vinos que derrocha franqueza desde el principio al final de la cata, con sugerente retronasal que amplifica las notas presenciales del perfume y que hace de los matices frutales la principal y prioritaria virtud.
Las fresas de mata y las frambuesas aportan una memoria de frescura intensa, con las notas florales ejerciendo de efectiva escolta, anoto fina sensación de lácticos con frutos rojos, finalizando en una tímida nota de naturaleza silvestre que deja un epílogo cargado de personalidad.
Me ha encantado este vino, tras su correcta amabilidad, se esconde el más que indisimulable deseo de estos cuatro amigos de alcanzar al consumidor con sinceridad enológica, condición y hermosa sutileza.
Agradezco a Silvia Rocher su atenta explicación a pie de mesa de cata, de las características de este Tragaldabas 2013 y para sus compañeros de aventura, Rebeca Talavera, Nacho Jiménez y César Ruiz envío un caluroso saludo y mi sincera enhorabuena por este hijo vitivinícola que al menos a mi, me ha concedido la ventura de pensar que los vinos de siempre aún existen y tienen espacio en este mundo, a veces tan complejo.
Lo califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Tragaldabas ó la excelencia a través de la simplicidad.



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