viernes, 8 de mayo de 2015

Javier San Pedro Ortega Viuda Negra Crianza 2011.





Comida de trabajo en Logroño, buena oportunidad para una costumbre que cada vez practico más y que recomiendo a todos aquellos que aún se planteen reglas de armonía y maridaje trazadas con perfil encorsetado. Postre y vino, una sana relación que además nos sirve para conocer como se engarza el buen sabor de una golmajera creación con un buen vino, en esta ocasión de Rioja.
Y en el comedor del Mesón Jabugo, localizado cerca del logroñés Parque de San Miguel, en la calle Alfonso VI; pude disfrutar de un postre riojano con mayúsculas, en donde se fusiona el requesón camerano, impresionante lácteo que merece una mayor divulgación, con la muy riojana miel de Ocón y unas almendras laminadas. Paz interior que se paladea, rebosante de sentido y frescura, de un punto goloso comedido que balancea la nota lactea del requesón de Cameros. Un bocado de buen gusto y perfecto equilibrio.
Y como durante el resto de la comida, mis compañeros de mesa y yo estuvimos deleitándonos con una Viuda Negra crianza en edición de añada 2011, una de esas satisfactorias referencias del vitivinicultor Javier San Pedro Ortega, hacedor de vinos con mucho recorrido por delante; decidí comprobar como casaba la última copa con este soberbio postre del equipo de cocina del mencionado establecimiento logroñés.
Un tempranillo ciento por ciento, que en su proceso de vinificado acredita largas maceraciones, junto a la tradicional fermentación alcohólica y a una crianza de catorce meses en barricas de madera de roble americano y francés.
Copa parada que muestra una cromática apicotada de buena intensidad, con algunos reflejos púrpura e incipientes grana, deslizando en nariz recuerdos de fruta roja en sazón, especiados ligeros junto con un aire tostado fino, derivando hacia el final de la fragancia en algunas evocaciones balsámicas.
La madera equilibrada, siempre dejando primera planta de escena a la personalidad de la tempranillo.
Boca jugosa desde el arranque, con la traza de acidez bien delineada, se abre y aporta frescura, virtud de equilibrio, con los taninos golosos y pulidos, seña de buena persistencia.
La retronasal incide en sensaciones de cerezas y ciruelas rojas, punto de pimienta, con regaliz final, poblando el vino la boca de fruta y sapidez.
Vino amable, fácil de beber, amplio y elegante.
Lo califico en esta añada 2011 entre recomendable y muy recomendable.
Lo dicho : prueben su próximo postre junto a un buen vino tinto, ya verán como no soy tan original como parezco.

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