viernes, 8 de mayo de 2015

Bruno Murciano & David Sampedro La Malkerida 2013.



Vino catado durante mi asistencia al salón El Alma de los Vinos Unicos, en presencia de sus autores, el sumiller Bruno Murciano y el vitivinicultor riojano David Sampedro.
Mencionar La Malkerida, es, para los que nos movemos en este universo del vino; poco menos que mencionar a la casta bobal en toda su plenitud.
Pero también supone mentar a Bruno Murciano, un hombre de vino, que en más de una ocasión ha afirmado su especial predilección por esta varietal, como cuando ha trasladado que "si me dan un corte no va a salir sangre, saldrá esencia de bobal".
El origen de Murciano le delata y como encuentro en un brillante artículo de mi buen amigo Jordi Melendo para elmundovino.com, desde su infancia la bobal estuvo presente en la propia existencia del prestigioso sumiller, recordando las garrafas que su abuelo llenaba en la cooperativa de Caudete de las Fuentes, localidad natal de quien ahora defiende con orgullo esta Malkerida en el mercado.
Elaborado con frutos procedentes de Viña Emilio, una propiedad de poco más de siete hectáreas, con topografía en ladera y exposición norte sur. Viñas viejas, para un vino que prescinde del aporte de madera, y que además sirve para homenajear a los viticultores de toda la vida, esos que hacen del campo su privilegiado entorno existencial y que como en el caso del veterano caudeteño que cede su viñedo a Murciano y Sampedro, dan prestigio a la viticultura.
En copa parada y en lo que se refiere a esta añada 2013 plantea una cromática apicotada con reflejos violáceos, buena intensidad. Nariz que desliza aromas de fruta negra en sazón, dejando paso en segunda instancia a memorias florales y silvestres, con un final balsámico marcado y amplio, que redondea el perfume.
Boca jugosa desde la entrada, con buena racha de acidez y por ende de frescura, vino franco y dotado de viveza que avanza con suavidad y fluidez, con la tanicidad marcada y golosa, media alta sensación de persistencia, con la retronasal que habla de arándanos, frambuesas y ciruelas oscuras, algunos guiños florales que pronto abren una dimensión muy en clave hierbas aromáticas, con romero y algunas notas de arbustos y lavanda, redondeando de nuevo con un aporte evocador de regaliz y menos clarividente té rojo.
Es un vino cuanto menos emocionante, sabroso y con la fruta como galardón al catador.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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