domingo, 19 de abril de 2015

Celler Lagravera Onrá Negre 2011.





Mi sincero agradecimiento a los responsables de esta bodega familiar catalana localizada en el municipio de Alfarrás y acogida a la denominación Costers del Segre, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de esta muestra de su vino tinto Onrá.
Con Ivá Gallego en el rol de responsable enológico del dominio, Celler Lagravera defiende en propiedad poco más de once hectáreas que durante años mantuvo el perfil de gravera y que ahora está dedicado a la elaboración de vino y aceite, avalados por un certificado ecológico CCPAE, con selección triple de uvas. Ampliando su filosofía buscando las mayores cotas de naturalidad en sus cultivos y elaboraciones, y siempre en estrecho contacto en cuanto a estudios e innovación tecnológica con la Universidad de Lleida, en la actualidad y de la mano de Pierre Masson, enfocan su avance hacia el campo de la agricultura biodinámica, con el certificado Demeter en vigencia.
Vinos que crecen entre las piedras, como les gusta definir a ellos mismos, igual que este Onrá en edición de añada 2011, elaborado a partir de una conjunción varietal de garnatxa negra, mayoritaria, con menores aportes de merlot y cabernet sauvignon.
Fruta que recibe la influencia desde el norte cardinal de la Serra Llarga, con triple selección de la uva, siendo la segunda y tercera ya en bodega, tras la vendimia manual, maceración pelicular prefermentativa de la garnatxa durante tres jornadas y aplicación de battonage periódico. Fermentado por separado de cada varietal con control de temperatura y maduración durante doce meses en botas de madera nueva y de un vino, de roble francés.
En copa parada demuestra una buena intensidad cromática apicotada, con reflejos violáceos y purpúreos, nariz que amanece con sabrosa fragancia de fruta roja y negra maduras, punto especiado de vainilla en segunda instancia, algunas señas balsámicas marcadas y en el fondo un evidente y complejo punto de mineralidad que en efecto describe recuerdos de piedra húmeda, cierta salinidad y una evocación de terrosidad.
En segunda cercanía apunto también, junto los descriptores ya mencionados; guiño tostado ligero.
Boca inmensa desde el primer segundo de arranque, gustoso, sabroso, concentrado, con un avance en donde frutosidad y mineralidad se dan la mano, llenando paladar y encías de un punto astringente lleno de emotividad. Hay ducha de fruta y unos taninos golosos y robustos que le dan una magnífica exhibición de personalidad y carácter.
Estupenda persistencia, voluminoso y estructurado.
En la retronasal habla de cerezas, frambuesas y arándanos, con el mismo gesto avainillado de nariz, acometida balsámica que apunta hacia reflejos de regaliz y un epílogo de este fantástico cuento vinoso que nos lanza un the end pleno en encanto mineral.
Probablemente uno de esos vinos tintos que demuestran con creces que el término mineral aplicado a la expresividad de un vino no es una simple boutade de catador gesticulante.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable.
Magnífico.


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