viernes, 17 de abril de 2015

Bodegas Dionisos Vinum Vitae Tempranillo 2007.




Los vinos de Dionisos tienen la virtud de la crudeza, entendiendo el término en su acepción de realismo vitivinícola, y no de aspereza ó crueldad con el paladar y los sentidos.
Agradezco a los responsables de esta bodega cluniense su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediante el envío de varias muestras de sus referencias. No hace mucho comenté en este blog mis impresiones acerca del vino tinto Flor de Rocío, un monovarietal de la casta syrah en edición de añada 2014, que califiqué como una de las versiones más nudistas de un vino que he catado en los últimos tiempos.
Ese mismo nudismo realista, esa simpática crudeza se repite con buena seña en este Vinum Vitae, que con la misma filosofía biodinámica traza la identidad de un monovarietal de la casta tempranillo con un planteamiento veraz, luminoso y muy en clave fruta.
La Bodega de las Estrellas, que como bien recoge un su web, exhibe en su escenario particular prácticas de agricultura ecológica y un faro de guía basado en la influencia lunar y estelar, con el calendario cósmico como cuaderno de bitácora, marca en esta edición de añada 2007 de su Vinum Vitae, la procedencia de las viñas viejas donde surge el fruto, acompasadas en su ciclo vegetativo por la influencia terrena. La parcela El Corcobillo, que acredita una antiguedad media de más de ochenta años, se asienta en suelos de composición arcillosa y calcítica, baja producción y ligera pendiente norte.
Vendimia manual, con fermentado, ya en bodega; en tinajas bajo el efecto de su propia levadura. Maloláctica en continentes de barro, con maduración posterior de doce ciclos lunares en barricas de madera nueva de roble francés, que corresponden con once meses.
Tras el embotellado, se procede a un afinado de seis años antes de salir al mercado.
En copa parada muestra un color apicotado oscuro con reflejos púrpura y grana, anunciando en nariz la presencia de recuerdos de fruta negra madura, con el aporte fino de la madera que le cría, reflejando evocaciones de tostados, balsámicos y un guiño que personalmente me ha recordado a piedra húmeda y grafito.
La boca expresa viveza, mucha intensidad, siempre con equilibrio y sentido varietal, desplegando frescura en el avance, jugando con el paladar, que tras la influencia del vino, apunta una percepción de ducha de fruta, con una seña de amargor no muy marcada, con los descriptores minerales regalando memorias de mina de lapicero y roca, con los frutos negros aflorando en la retronasal junto a una huella que evoca regaliz.
Taninos golosos y gustosos, fundentes y amables, sensación de untuosidad.
Es un vino que tras ese gesto de crudeza varietal, anuncia la grandeza de la tempranillo.
Luna, estrellas y el paladar.
Lo califico en esta añada 2007 como muy recomendable.

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