jueves, 30 de abril de 2015

Bodega Teso La Monja Victorino 2012.




La emblemática sucursal de la familia Eguren en tierras de Zamora, se ha convertido con el paso de los años en algo más que un satélite de la casa madre riojana, ello gracias a la calidad de las fincas en propiedad localizadas en Valdefinjas, Toro y Villabuena del Puente, parcelas que Teso La Monja dispone para elaborar, con más de cien hectáreas de viñedo, unos vinos que identifican la personalidad de una denominación y que crean un símbolo lleno de potencia y condición, por encima de leyendas, precios elevados y esnobismos.
Este Victorino en edición de añada 2012 compone una sinfonía en la que la Tinta de Toro se muestra gallarda, viva, con una clamorosa sensación de nervio y garra, acreditando una maduración de dieciocho meses en barricas de madera nueva de roble francés, con previa maloláctica.
En copa parada eleva una cromática apicotada de buena intensidad, con reflejos violáceos. tonos oscuros. Buena expresión aromática, armada de complejidad y sobre todo de una fruta con nervio, escenificando fruta negra y roja madura, símbolos oscuros en su fragancia, hay evocaciones de mina de lapicero, de olivas negras, de regaliz, con un esbozo final que comparte evocaciones de matorral, de retama, condición silvestre pero adornada con esa nota de fruta que siempre preside su expresión.
Intenso ya en nariz, en el arranque en boca se contonea, sin despeinarse expresa un poderoso punto de fruta que llena boca y paladar en el avance, con frescura, equilibrio y muy franca seña de persistencia y longitud.
Taninos jugosos, dulzones y fundentes, amplios en su percusión, pero con buena nota de integración en el conjunto. Si algo tiene este Victorino 2012 es potencia y control.
Hay ducha de fruta.
Retronasal que demuestra un amplio compendio de frutos rojos y negros, me han llegado memorias de ciruelas negras, de moras y arándanos, de frambuesas, de picotas, con una apacible marca en segunda instancia en donde aparecen sensaciones de regaliz y algunos puntos torrefactos, con retornos que vuelven a mostrar los mismos tonos de matorral de monte bajo que se exhibían en la fase aromática.
Sapidez y mucha personalidad, epílogo en donde cierta salinidad amanece y prolonga la expresión propia del vino.
Lo califico en esta añada, degustada durante mi reciente asistencia al salón El Alma de los Vinos Unicos, entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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