jueves, 26 de marzo de 2015

La fuerza de una idea, Muga.


Estuve el otro día de visita una vez más en Muga, acompañando a unos buenos profesionales del sector de la restauración que deseaban conocer la bodega. Estar de visita en Muga es sinónimo, al igual que en alguna de las otras bodegas del Barrio de la Estación de Haro, de acercarse a uno de los reductos de la condición y la personalidad. Condición porque aunque para algunos profanos y otros incrédulos despreocupados, todos los vinos son iguales ó en esto del vino hay demasiado cuento y esnobismo, lo cierto es que cuando uno lleva años catando vinos de todo origen y características, la prueba del algodón casi ya no es necesaria.
Nos empeñamos algunos en catar vinos, compartiendo con los aficionados al sector y público en general, y en realidad en esto del vino no hay tanto cuento y esnobismo como algunos piensan. Lo que hay en el fondo son trabajos esmerados, aplicación de tiempo y medios a la labor de campo y bodega, seriedad y profesionalidad, en resumen excelencia. Y por otro lado, signos de intereses simplemente comerciales, consejos de administración a los que el vino en realidad les preocupa poco ó nada, y que están dispuestos a sacrificar virtudes y valores vitivinícolas con tal de engordar las cuentas de resultados.
Pongo a Muga como ejemplo y desde luego podría poner a otras tantas bodegas de Rioja que cuidan el detalle, la calidad, la excelencia, por supuesto sin descuidar los balances, pero midiendo cuales son los límites existentes entre todo vale y no todo vale.
No todo vale en este mundo y el reflejo de esta expresión se termina por traducir y plasmar en la copa. Soy de los que nunca he estado de acuerdo en esa idea torticera que considera idiota al consumidor, como queriendo expresar que con tal de que su copa esté llena, lo mismo le da arre que so. Creo que los consumidores, entre los que me incluyo, e independientemente de la crisis y de lo florido que esté el bolsillo en cada momento, sabemos diferenciar lo bueno de lo excelente, y valorar cuando una bodega por su trayectoria y su trabajo apunta más a la senda de esto que de aquello.
No hay vino malo, es cierto, pero sí hay vinos que desde que descorchas la botella hacen una fina declaración de intenciones, y vinos que buscan pasar de largo sin que los bebedores reparen más de la cuenta en lo que encierran.
Cuando menciono a Muga lo hago no con afan de exclusividad, hay algunas bodegas e incluso pequeños hacedores de vinos que siguen la línea de esta bodega del Barrio de la Estación, y que desafiando modelos de ambición multinacional ó macro empresarial concilian calidad y beneficios, basculando con equilibrio, sin caer en pretensiones en las que sólo cuenta vender por el mero hecho de vender.
Muga y su filosofía y tantas otras bodegas que en Rioja y en el mundo buscan la excelencia, usando este concepto desde un plano de definición exento de altanería, más bien desde un plano de calidad y buen gusto.
Habrá quien piense que escribo este artículo desde el peloteo, desde una visión excluyente y sectaria, y están muy equivocados. Quien me lee a menudo sabe que cuando alguna de las referencias de Muga ó de cualquier otra bodega con renombre no me han entusiasmado, lo he dicho y me he quedado igual de ancho.
Quienes confunden respeto al trabajo ajeno con buenismo es que no me conocen suficientemente.
Procuro siempre usar criterios personales a la hora de juzgar un vino, pero nunca caeré en la falta de respeto, aunque siempre buscaré que, con justicia, se valore con efectividad por parte de la gente que me sigue, lo que yo considero que debe respetarse, valorarse y apoyarse por encima de la media.
El trabajo y la singladura presente de esta bodega familiar de Rioja debe obtener el reconocimiento de todos los que presumimos con orgullo de divulgar y disfrutar de la cultura vitivinícola.
Las cosas bien hechas deben tener un plus de reconocimiento.
A estas alturas es ya complejo que a uno, que durante el año pasado, cató más de dos mil quinientas referencias, le den gato por liebre.
Hablar bien de lo bueno es fácil, pero al igual que muchos maridos y mujeres no dicen todo lo a menudo que debieran cuanto se quieren, a veces tampoco es frecuente que, puntuaciones insignes aparte; los que catamos y escribimos hagamos constar lo bien que algunos enólogos y bodegueros están haciendo las cosas. No se trata de repetirlo hasta la saciedad, pero sí de al menos mencionarlo, para que los que aún no lo saben, lo conozcan.
La fuerza de una idea, el valor de la calidad y el trabajo, convierten los frutos de una bodega en excelentes, por encima de lo simplemente bueno.
Y por justicia, esto nunca debe pasar desapercibido. Si es que eso ocurre.
Para terminar, y siempre lo digo allá donde voy : ¿como definiría los vinos de Muga?.
Regularidad añada tras añada sin caer en la monotonía y ensalzando las características propias de cada cosecha, y valor seguro, vinos que gustan a la mayoría.
Más, desde luego, no se puede pedir.
Mi enhorabuena sincera a esta familia, para mi, y en este presente tan complejo, orgullo de la denominación.
Por simple justicia, tenía que escribirlo.

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