sábado, 28 de marzo de 2015

Bodegas Muga Torre Muga 2011.







Hay vinos que tienen un carácter especial. Que abordan su expresión de personalidad desde un plano de descaro y calidad fuera de cualquier debate ó discusión.
En esta bodega familiar del Barrio de la Estación no elaboran el Torre Muga contra viento y marea, prefieren señalar las buenas cosechas y entonces proceder en consecuencia. Y este es un detalle que desde luego les honra.
Durante una reciente visita a la bodega pude catar y degustar este vino tinto en su edición de añada 2011, armonizado con una espléndida tostada, emplatada con arte por el equipo de cocina de este dominio vitivinícola familiar.
En esto de las armonías ya les aventuro que soy de los que creen en las mil y una posibilidades, siempre desde luego dentro de unos cauces normales de raciocinio. El esplendor del Torre Muga 2011, intenso y aún marcando su avance, con la fruta en una condición espectacular, llena de viveza y sustancia, con un venturoso equilibrio y con ese concepto que yo siempre defino como ducha de fruta en el alcance del paladar, uno de esas añadas que garantizan la blue smile aunque sea en la conciencia del enópata catador.
Tempranillo en proporción mayoritaria, con menores aportes de mazuelo y graciano, acreditando un proceso de vinificado en donde aparecen seis meses en depósitos de madera de roble y dieciocho meses en barricas de madera nueva de roble francés. Anoto en mi agenda del iphone un inmenso despliegue de cromática densa y oscura, con color apicotado intenso, violáceos y malvas en el reflejo, deslizando en su aproximación aromática una potente complejidad, presidida por recuerdos de fruta negra y roja maduras, especiados ligeros, inmensidad balsámica, suave concepto de perfume silvestre y un retorno que personalmente he identificado como mineral, con un guiño de grafito y otro menos marcado que asimilo al té english breakfast.
Uno de esos vinos que resulta vibrante en sus consecutivas cercanías a nariz, que puede llevar un tiempo analizar y describir, y que en lo que respecta a esta añada 2011 me ha parecido espectacular.
La boca arranca con potencia, la fruta golosa se exhibe, se contonea, se prolonga, con muy definidos descriptores de fruta negra, más incisivos incluso que en la vía olfativa, tiene mucha viveza y concentración en el avance, los taninos golosos y fundentes, hay aún un punto de astringencia, lógico por otro lado; que lejos de descarrilar, hace que el vino resulte eléctrico y para mi al menos, hasta emocionante.
Fantástica seña de persistencia, la fruta siempre encaramada en primer plano, las influencias de la madera tienen cierto protagonismo pero siempre van en retaguardia.
Incontestable, profundo, sabroso y altanero.
La retronasal habla de moras y arándanos, nota de frambuesa y cereza, con amplia colección de descriptores especiados que incluyen vainilla y clavo y que abren a continuación un esbelto punto de regaliz, balsámico; algunas señas lácticas menores, dejando para el final un recurrente hilo conductor silvestre, que recuerda a algunas hierbas aromáticas y una elegante nota de fino amargor que identifico como mineral, con sensaciones evocadoras de grafito, salinidad y ese recuerdo personal a english breakfast tea.
Añada 2011 de Torre Muga con espíritu, con alma y mil y una sensaciones transmitidas durante su cata. Lo he disfrutado ampliamente.
Y con la compañía de la tostada, les aseguro que escenifica una obra culinaria teatral de esas que no se olvidan.
Lo califico como más que muy recomendable. Inmenso.

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