lunes, 9 de marzo de 2015

Bodegas Muga Crianza 2010.


Una de las referencias catadas en compañía de los alumnos de segundo curso de ciclo de servicios y dirección de sala de la Escuela de Hostelería de la Universidad del Pais Vasco, bajo la dirección de Manuel Muga y atendiendo a sus explicaciones.
El crianza de Muga responde a un perfil de vino tinto, que por tiempo de maduración en barricas de
roble se aproxima más al carácter de un reserva de Rioja, y puede que sea la etiqueta de la bodega, al menos a mi juicio, que mejor expresa la regularidad de su trabajo, salvando siempre las lógicas diferencias climatológicas y de ciclo vegetativo de cada cosecha, y además expresándolas son suficiente rigor y criterio.
Acredita veinticuatro meses de crianza en barricas de madera de roble construídas en la tonelería de la bodega, y se elabora con frutos de tempranillo, garnacha, graciano y mazuelo vendimiados en parcelas propiedad del dominio, localizadas en las faldas de los Montes Obarenes y asentadas en suelos de composición arcillo calcáreos.
No falta en su proceso de formación la ya tradicional clarificación final con clara de huevo además de doce meses de afinado en botella antes de salir al mercado.
En copa parada el vino defendió una cromática rojo picota con amplitud de reflejos púrpura y grana, amaneciendo en su aproximación olfativa con recuerdos de fruta roja madura en sazón, completando la segunda instancia con especiados dulces y pimienta, esta menos marcada, algún tostado y una buena gestión de equilibrio aromático, en el que la fruta predomina y los tonos procedentes de la madera acompañan su difusión.
Elegante en boca, con una buena lanzadera de acidez y frescura, amable en el paso, con los tonos golosos de la fruta roja amparando su llegada al paladar, un vino hecho que catado en el presente refleja los buenos compases que Muga sabe garantizar en sus elaboraciones.
Taninos golosos y finos, con un imaginario colchón vinoso que hace descansar al paladar y una franca seña de persistencia y prolongación.
La retronasal habla de ciruelas rojas y cerezas, aquí con un punto licoroso que escolta al sazonado, esbozando recuerdos especiados de vainilla y pimienta blanca, algún guiño láctico más representado que en la vía aromática, balsámicos y una pizca que me ha enviado evocaciones de crema de fresa.
Buena sapidez final, una añada de este crianza que se muestra suave, golosa y con la identidad de la fruta por bandera.
La califico como muy recomendable.

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