jueves, 5 de marzo de 2015

Bodega Marqués de Griñón Dominio de Valdepusa Graciano 2010.



Reiterando mi gratitud a Xandra y Carlos Falcó por su desinteresado envío de muestras, concluyo hoy el apartado de vinos referentes de esta bodega, con el tinto monovarietal de graciano, que en edición de añada 2010 pude catar y degustar en pasadas fechas.
De los tres vinos enviados tal vez el menor en cuanto a satisfacción personal, reconociendo de antemano que puedo tener una cierta distorsión complaciente e íntima con los vinos de perfil monovarietal que sobre esta uva se elaboran en La Rioja. Para mi los mejores.
¿Es la graciano una varietal cuya dificultad de cultivo se supera con creces sólo en esta denominación?. ¿Es una casta que fuera de los límites de los Siete Valles pierde condición?. ¿O simplemente es una cuestión de que quienes catamos y bebemos debemos aprender a conocer como progresa esta varietal con diferencias en función de diversidad de suelos, climas u otros condicionantes?.
El caso es que este graciano de Marqués de Griñón no faculta el reconocimiento de las características de la graciano de Rioja. La que más conozco y desde luego la más habitual en los vinos existentes en el mercado que llevan el sello de la casta.
Elaborado con frutos procedentes de cepas situadas a una altitud de quinientos metros sobre el nivel del mar, asentadas en suelos de composición arcillosa y caliza, acredita una maduración en barricas nuevas y seminuevas de roble francés que se extiende durante un periodo de veinte meses.
En copa parada expresa una cromática picota con buena intensidad y color, oscuro, con reflejos malva. La nariz aparece representada por recuerdos de fruta roja y negra madura, algunos puntos cítricos algo sorprendentes que facultan una segunda instancia en donde las memorias aromáticas florales y balsámicas se apoderan del timón, escoltando a la fruta y desembocando en evocaciones de grafito, hojas de té y olivas negras.
Peculiar en su paso por nariz, potente durante la expresión que hace en boca.
Entrada en la que la acidez se muestra orgullosa, si bien no con la amplitud que la graciano riojana suele manifestar. De hecho es un vino goloso, con la frescura palpitando pero no impactando.
Taninos marcados y algo rutilantes, alguna leve astringencia, aunque más bien incorporada al conjunto. Hay concepto de ducha de fruta y aunque las frutas negra y roja maduras exhiben una buena condición y una evidente viveza durante el avance, me quedo con la duda de saber si detrás de los detalles procedentes de la madera se esconde una graciano identificable como tal.
Persistencia la hay, y en su retronasal habla de moras y frambuesas, punto cítrico que se ensalza al igual que en la fase olfativa, desviando la atención hacia símbolos descriptivos negros, grafito-mineralidad, regaliz-balsámicos, hojas de té y aceitunas oscuras.
Buena complejidad y sin embargo me hubiera gustado un punto más de franqueza varietal.
El pecado de ser riojano.
Lo califico en esta añada 2010 como recomendable.

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