miércoles, 25 de febrero de 2015

XVI Semana del Vino de Ollauri / El Vino de Rioja de la Guerra Civil a la Transición - Carlos Echapresto.





Hay ocasiones en las que la cultura del vino se engrandece sólo por la pasión que demuestran sus gentes. Eventos como La Semana del Vino de la localidad riojalteña de Ollauri, con una regular y eficiente organización añada tras añada, y no me cansaré de repetirlo con terquedad; gracias al tesón y el buen hacer de mujeres como la alcaldesa del municipio María Luisa Ruiz Nanclares, Carmen Enciso, Cristina Hernando Castillo ó Allende Pérez Medrano, demuestran a las claras y también a las maduras que el universo de la cultura vitivinícola no es siempre una simple cuestión de glamour. Quienes amamos al vino y al Rioja sabemos que más allá de los intereses mercantilistas se esconde la simplicidad mediante el esfuerzo, porque a fin de cuentas organizar una semana que tenga como principal protagonista al vino no es boutade, antes bien y sin caer en la milonga de impresionar sin más, es un ejercicio de pasión, de preparar ponencias llenas de interés, como la que el sumiller y restaurador riojano Carlos Echapresto llevó a cabo en poco más de una hora, en la lluviosa tarde noche de ayer.
Interesante relato apoyado en proyección, a través del que Echapresto detalló las diferentes etapas de la historia del vino de Rioja, desde la fraticida guerra civil española, hasta la más cercana y tranquila transición.
Ilustrando la viva disertación con fotografías de viejas etiquetas de Rioja, botellas de su colección particular; la oratoria de quien es probablemente uno de los mejores profesionales de la sumillería riojana sacó a colación detalles precisos, adornados de algo de anecdotario, mencionando la famosa añada de 1970 conocida como La Milagrosa, ofreciendo a los presentes detalles como el de la primera expedición a los Estados Unidos de América por parte de miembros oficialistas de la denominación que lograron incrementar las ventas del vino de Rioja en aquel país cuando aún el tema de la exportación estaba en mantillas, destacando la figura del primer presidente del consejo regulador, Don Antonio Larrea, quien fuera más técnico que burócrata a mayor gloria del Rioja, ó mencionando las viñas que se arrancaron durante la posguerra por orden del ministerio franquista de la época, que buscaba más cereal que fruta, en un intento por paliar la escasez de alimentos de primera necesidad.
Detalles todos ellos que Echapresto fue desgranando junto a la famosa visita de Hemingway a Paternina, las gloriosas épocas del Banda Azul de esta misma bodega ó las reseñas peculiares que la historia nos ha dejado impresas en viejas botellas de esta tierra, con especial y divertida mención al vino pastoso, curiosa alternativa al vino fino de Rioja.
La ponencia de Echapresto se hizo amena y es que para algunos, cuando el tema de conversación es el vino, el tiempo transcurre demasiado rápido.
Dos viejas añadas de Rioja presentes en la sala para gozo y disfrute de todos los presentes, una edición 1966 de Bodegas Laturce y un reserva 1978 Viña Albina de Bodejas Riojanas, completaron el evento.
El primero de ellos originario de Oyón, con una marca que hoy en día pertenece a El Coto de Rioja, recién descorchado muestra un primario cierre aromático que va desterrando su influencia con pocos segundos de agitado en copa, abriendo paso a recuerdos de fruta roja madura y ligeramente confitada, con algunas señas finales de granos de café y frutos secos, almendra tostada. Declinación de sazonado, buena esencia de ciruelas rojas y guindas licorosas.
La boca sorprende por una agradable viveza, en donde la acidez y las golosas notas se entremezclan, taninos golosos y pulidos, paso fluído y dinámico, buena seña de persistencia.
En la retronasal se aventuran memorias de ciruelas rojas, cerezas y guindas, con una huella tostada y cafetera, afirmando la influencia de la madera, pero destacando la fruta madre y afirmando hacia el final un punto sugerente balsámico y de raudo amargor, que prolonga sus sensaciones.
Un vino que por aspecto bien pudiera emparentarse con una pinot noir borgoñona y que por aroma y sabor, bendita sapidez; acredita, tal y como manifestó el propio Echapresto, la presencia de una admirable garnacha riojana. Junto a ella, tempranillo y tal vez, mazuelo.
El segundo, un clásico de Bodegas Riojanas, me pareció en peor momento de forma que el Laturce, algo en el que no todos coincidimos.
Más ocluso en su primera proximidad, y aunque agitamos la copa, a mi juicio tenía un punto alcohólico algo desconsiderado para el paladar. Con la tempranillo mayoritaria, escoltada en menores proporciones por mazuelo, graciano e incluso viura. Roble americano, con una presencia en copa que apunta cromática rubídea y ligeramente teja, primer recuerdo de fragancia que se adapta a sensaciones procedentes de la madera que parecen robar protagonismo a la fruta, en una segunda proximidad y tras airearlo abre escena para la fruta roja madura, en compañía de especiados y tostados. Hay algunas muescas de tocador, fondo de baúl, hierbas aromáticas y flores un tanto marchitas.
La boca tiene algunas destrezas en cuanto a acidez, pero le falta la viveza que demostró su antecesor en la cata, aparece algo más apagado. Punto de licorosidad, algo de sequedad en su alcance del paladar, taninos golosos y menos pulidos de lo imaginado, con los recuerdos retronasales que confirman los descriptores aromáticos y añaden algunos guiños más marcados de fruta roja.
Un vino algo irregular en su progresión de cata, que no calificaré a título personal por considerarlo no en plena capacidad.
En cuanto al Laturce 1966 lo califico como muy recomendable y sin duda, meritorio.
Lo dicho : da gusto encontrarse con estas gentes de Ollauri, con un profesional como Echapresto, y durante un buen rato escuchar, catar y hablar de vino.
Como bien manifestó Echapresto en una entrevista pasada : "mucha gente bebe vino de oídas, más por la etiqueta que por el líquido. Hay cultura de marca y falta conocimiento".
Para paliar ese déficit, existen eventos como esta Semana del Vino de Ollauri, que un año más recomiendo a quienes deseen seguir aprendiendo de las fuentes de esta fascinante cultura, la misma que a algunos nos sigue sorprendiendo día a día y con la que, sin lugar a dudas, uno siempre se siente un poco más feliz.
Gracias a la organización. Lo dije y lo digo : siempre con Ollauri.

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