lunes, 16 de febrero de 2015

Bodegas Gil Berzal Alma Pura 2011.



Agradezco a los responsables de Bodegas Gil Berzal su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante su envío de varias muestras de sus principales referencias. Comencé hace unos días comentando su vino tinto en edición crianza, y hoy le toca el turno a este vino genérico con perfil de edición de autor, que se elabora con una conjunción varietal de tempranillo, al ochenta y cinco por ciento, y graciano, en la proporción restante. Frutos procedentes de viticultura sostenible, tras la vendimia se procede con un despalillado, una maceración prefermentativa, alcohólica posterior con control de temperatura utilizando levaduras autóctonas. Maloláctica en barricas de madera nueva de roble francés, con una maduración de ocho meses y embotellado, sin que medien filtrados ni estabilizados.
En copa parada esgrime una cromática apicotada de buena intensidad, con algunos reflejos púrpura y violáceos, deslizando en nariz sensaciones amplias de fruta negra madura, algún brote especiado menor en segunda instancia, finalizando la fragancia con descriptores que recuerdan pétalos florales violeta y tostados finos. Débil punto balsámico final.
La fruta se muestra siempre dominante, dando la madera una buena personalidad que aunque se recrea con media influencia, nunca apabulla el carácter frutoso del vino.
La boca es sabrosa, jugosa, tiene en el avance, junto a una nota de acidez bien delineada, algunos trazos de cremosidad, untuosidad, aunque en el fondo este Alma Pura se divierte lanzando flechas de frescura, como un travieso Cupido vinoso.
Me gusta su persistencia, muy varietal, demostrando con creces ese punto que aporta la graciano, que termina por redondear su esencia de buen vino de Rioja.
Retronasal que envía memorias de moras y frambuesas, cerezas y arándanos, con un guiño láctico muy sugerente y algunos apéndices balsámicos más intensos que los demostrados en su cercanía olfativa. Tiene retornos de pétalos de flores oscuras, un trémulo apunte silvestre y al final evocaciones de regaliz y sapidez.
Un vino de Rioja que no engaña ni aunque lo cates a ciegas.
Lo califico en esta añada 2011 como muy recomendable.
Viva la tempranillo y su escolta, la graciano de Rioja.

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