miércoles, 18 de febrero de 2015

Bodega De Martino Viejas Tinajas Muscat 2012.


Gracias a la generosa aportación de mi amiga y compañera de catas María, pude catar y degustar el otro día este Viejas Tinajas Muscat en edición de añada 2012, procedente del chileno Valle del Itata, localización en donde según cuentan los documentos archivados, se inició hace ya más de cuatrocientos años la práctica de la viticultura, mediante la plantación de las primeras vides del país.
Lo peculiar en este vino blanco de la varietal muscat es que en su proceso de elaboración se utiliza un medio tan legendario como es el uso de tinajas de arcilla, práctica esta que aparece documentada y arraigada en la cultura tradicional vinificadora del agro chileno.
Con frutos procedentes de viñas plantadas en el año 1975 en suelos de composición granítica y con la cercanía del mar, la bodega De Martino nos presenta un vino que en su vinificación incluye tras la vendimia y ya en bodega, un fermentado de quince días que tiene lugar en las ya mencionadas tinajas, con maceración carbónica y estancia en los recipientes por un periodo de seis meses.
Maceración prolongada, maloláctica y separación de los orujos, con decantación.
No hay uso de levaduras, sí de un pequeño aporte de sulfuroso.
En copa parada agrada con una cromática amarillo dorada con reflejos ambarinos, nariz que se muestra desde el inicio muy densa, algo pesada en su primera aproximación, afirma recuerdos de fragancia jabonosa, que da un informe inicial un tanto desorientador, incluso diría que la mayoría de los presentes pronunciamos el calificativo defectuoso, si bien y en mi caso con algunas dudas al respecto.
La estética del vino en copa se plantea un tanto turbia, con un aspecto demasiado rústico, aunque a medida que se deja airear el vino, la fruta empieza a emitir sus tambores de comunicación, dando matices de perfume cítrico y confitado, aunque siempre manejando ese punto jabonoso, ese exceso graso procedente a buen seguro de un percutor ácido decanoico y su sal.
Hay aromas de piel de naranja, gajos escarchados de mandarina, alguna nota floral de jazmín y flor de azahar, dulce de membrillo e incluso frutas de compota navideña.
Me tomé mi tiempo y sin embargo, esa nota jabonosa no llegó a desaparecer incluso media hora después de su primer lance.
Aunque puedo considerar que el vino presentado en copa tenía esa proporción defectuosa, tampoco es desconsiderado otorgarle la oportunidad de mencionar una buena complejidad para un muscat romántico, surgido de una elaboración cuanto menos meritoria.
La boca es sustanciosa y golosa desde el arranque, con alguna seña de frescura, pero con más apunte de corporal frutosidad, sin resultar empalagoso, pero con una punta de densidad que no pasa desapercibida. Untuosos reflejos en el alcance del paladar, admirando en su retronasal las mismas evocaciones demostradas en su cercanía olfativa y añadiendo una nota balsámica que parece surgir de entre las paredes de ese efecto jabonoso reproducido en el perfume.
A la piel de naranja, a las confituras de mandarina y limón, a los puntos acompotados y florales, se le añade un complemento resinoso, con algunas memorias de barnices y un epílogo que sí recrea la fruta con mejores garantías.
A medio camino entre el defecto y la personalidad de la varietal muscat, y sin atreverme a calificar el vino planteado, sí he querido incluirlo en el blog como ejemplo meritorio a tener en cuenta dentro del ejercicio divulgador de esta cultura del vino.

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