viernes, 27 de febrero de 2015

Aguardientes y Destilados : Ratafía Terrania.




Quiero comenzar esta entrada del blog, agradeciendo a los responsables de este elaborador catalán su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura gastronómica, mediante el envío de esta muestra de su ratafía, licor cuyo origen claramente mediterráneo me trae preciosos recuerdos de mi juventud.
No en vano mi abuela paterna Aurora Francás acostumbraba a regalarme una copita de este licor, en formato artesanal y casero, que le solían enviar desde su Ripoll natal algunos familiares, enarbolando así la bandera de la tradición culinaria catalana en su Bilbao de residencia.
Mi abuela era mujer de tradiciones y sin duda todo aquello que a día de hoy conozco en torno a la gastronomía de Catalunya, se lo debo a ella, en gran medida.
La ratafía forma parte de esa colección de referentes.
Con un aguardiente de base, y con la acogida a la indicación geográfica protegida Ratafía Catalana, establecida en el año 1989, Terrania muestra un equilibrio y un afinado digno de aplauso, tal y como demuestran los múltiples galardones recibidos, destacando varias medallas de oro en Catavinum y un premio Cactus a la menor innovación de producto.
Además de nuestra catalana ratafía, hay licores hermanos que se elaboran en Aragón, Piamonte, Abruzzo, Borgoña y Champaña, y que tienen puntos en común con este costumbrista licor muy habitual en tierras de Girona.
Con proceso de elaboración que incluye seis meses de maceración en barrica y destilaciones en pequeños alambiques leña, en Terrania se incluye holandas de vino envejecidas para lograr un resultado final en donde los aromas y los sabores aportan elegancia, complejidad y finura.
Verdes nueces y botánicos variados, entre los que creo descubrir la menta, con la ya mencionada base de aguardiente, dan lugar a una cromática que en copa de cata expresa tonos marrones y rubídeos menos expresivos, bronces y teja, deslizando en su aproximación olfativa sensaciones de frutos silvestres, piel de naranja, guiño cítrico y acompotado, especiados y flores, matiz silvestre y levemente boscoso.
La boca es suave desde el arranque, el alcohol integrado en el conjunto de mil amores, con una punta de acidez que aporta un matiz refrescante, abraza el paladar con dulzor y recuerdos de hierbas aromáticas, punto genial de compota de frutas navideñas, liturgia que incluye dátiles, orejones, membrillo, ciruelas pasas y esa sabrosa linea cítrica que lo hace celebrable y sabroso.
Largura, sin empalagos, con ese afinado que sin duda lo convierte en un licor, este Terrania; fácil de apreciar pero emotivo en cuanto a complejidad.
En su alma se encuentra un aire mediterráneo indiscutible, un valor que nos traslada por momentos al campo, al huerto, a la botánica, al sol, al mar y a todos los pueblos que a la luz de la lumbre, en el corazón de los hogares de Catalunya, celebraron algo, simplemente el final de una buena comida; con una copa de ratafía.
Con imaginarias lágrimas de alegría y melancolía he catado Terranía, acordándome de mis ancestros, de esa abuela que con catorce años recién cumplidos por mi parte, quiso saltarse las normas puritanas de la hipocresía social, regalando mi paladar con unas cuantas gotas de este rosoli, para aleccionarme con buena fe en el consumo moderado de digestivos después de comer.
A ella le recordaba a su padre. A mi ahora me recuerda a ella. Es el valor real de la cultura gastronómica, ese vaso transmisor intergeneracional que logra que las buenas costumbres nunca se pierdan.
Califico esta ratafía Terrania como más que muy recomendable.
Clase, aroma y sabor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario