lunes, 19 de enero de 2015

Un Olivo en lontananza de Rioja.



Ningún legado es tan rico como la honestidad.
William Shakespeare.

No me gusta escribir obituarios de este mundo del vino. Y no me gusta porque si algo une al vino con la eternidad y por ende con ciertas dosis de inmortalidad, es su condición de ser vivo, de alimento que progresa desde el interior de la botella hasta que un día nos da por descorcharla y disfrutar de sus fascinantes descriptores cromáticos, aromáticos y gustativos.
Don José Madrazo Real de Asua ha fallecido y por ello este artículo de mi puño y letra debiera, tal vez;  versar sobre la literal, no por ello insuficiente, cronología de su existencia.
No conocí al fallecido, pero sí a su hijo Jesús, y a una de sus obras cumbre, la bodega Contino, un dominio vitivinícola que algunos definen como uno de los pocos château de Rioja, en donde el viñedo y la bodega comparten espacio, sin que una sola uva de las utilizadas para elaborar sus referencias, tenga una procedencia foránea.
La larga trayectoria de los Madrazo Real de Asúa a bordo de Cvne y de Viñedos del Contino, esta cofundada en 1974 por el ahora fallecido, les convierte en unos de los grandes de la denominación, usando el calificativo no en tono adulador, sino más bien dimensional.
En igual medida, empleo en el título de este artículo el término lontananza no en su acepción espacial, cosas, que por estar muy lejanas, apenas se pueden distinguir, sino más bien en la pictórica, términos de un cuadro más distantes del plano principal.
A veces la personalidad de un solo individuo queda distorsionada entre la multitud. Es probable que ni Don José Madrazo sea el principal protagonista de la historia del Rioja, ni tan siquiera el único. Sin embargo, y aún sin haber tenido el honor de conocerle personalmente, me consta que su labor en pro de los vinos de la denominación fue intachable. No sólo porque cuando hace poco tiempo he podido compartir con su hijo Chus más de una cata de vinos que fueron elaborados durante los tiempos en los que su padre patroneó esta bodega localizada en Laserna, haya comprobado la calidad indudable y objetiva de los mismos, sino también por el concepto que Viñedos del Contino supuso, supone y supondrá en el devenir de la denominación. En suma, un enlace entre épocas, entre formas de elaboración, entre esos conceptos que tan poco me gustan y que algunos utilizan para referir vinos clásicos y modernos de Rioja.
Es probable que hoy en día hablar de Contino en cualquier restaurante, vinoteca ó club de cata nacional e internacional, sea un sinónimo de crédito, un aval puede que en algún caso igualable, difícilmente superable. Los Contino tienen una elegancia distinguible y valorable, son una de esas referencias cuya mayor virtud reside en el hecho de llegar a todo tipo de consumidores y bebedores de vino con alcance, gallardía, éxito y sobre todo sensación de honestidad.
Virtud esta que Chus Madrazo me ha demostrado a título personal una y varias veces, y que estoy seguro, como nos pasa a todos, forma parte de esas lecciones que los padres nos dan a los hijos, y que nosotros cuando nos convertimos en padres seguimos desplegando hacia nuestros infantes.
Ese es probablemente el mejor legado que Don José haya dejado a quienes desde este complejo lado de la cancha, el de quienes catamos, bebemos y disfrutamos del vino, pretendemos gozar con nuestro modesto rol de esta impagable función. Un legado figurado en añadas, en cosechas, en viejas etiquetas y aromas terciarios, que hoy en día se perpetúa con similar acierto gracias a la indudable buena labor profesional de su hijo Chus.
Es una de las grandes cosas que nos ofrece el vino, su valor perdurable, su condición de eternidad, su majestuosa capacidad de envejecimiento y ese punto casi mágico de comprobar, tras el descorche, como vinos que se embotellaron en el pasado, gracias al trabajo, al mimo y al esfuerzo de personas que ya no están entre nosotros y cuyo legado sobrevive personificado en este fascinante alimento, mantienen soberbias capacidades de impresionar nuestros sentidos.
Al igual que el olivo que da nombre a uno de los vinos más singulares y dotados de excelencia de esta histórica denominación, Don José sigue apostado en un lugar de privilegio dentro de la galería de personas que trabajaron para y por Rioja.
El Olivo de Viñedos del Contino y Don José, ambos a veces en lontananza, como guardianes silenciosos de la pasión por una tierra, por una dedicación, por el continuado, esforzado y fructífero devenir de una bodega singular de Rioja. Uno sin el otro, nunca sería lo mismo.
Es probable que cuando un objeto, algo; nos identifica, nuestra esencia quede prendida de él para que quienes no nos conocieron puedan, en nuestra forzosa e inevitable ausencia, recordarnos si cabe con un mínimo de fidelidad.
Es más que probable que el coqueto dominio de Laserna y su legendario olivo tengan ahora, que Don José ya no está, un más que perfecto derecho a sentirse identificados y protegidos por él.
Lontananza de Rioja, esencia de la denominación.
En paz descanse y mi más sincero y cordial pésame para toda su familia.
Me sumo desde aquí a honrar la memoria de este hombre del vino. Este hombre de Rioja.
Se nos fue, pero su legado continúa.

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