martes, 13 de enero de 2015

Txakolí Txomin Etxaniz Cosecha 2014.



La evolución del mundo del txakolí ha tenido en los últimos años una progresión digna de aplauso. Cuando las cosas se hacen bien, cuando el marco de uno ó varios consejos reguladores se ensancha buscando la excelencia en consonancia con el trabajo y la profesionalidad de algunos enólogos y bodegueros, el resultado es una amplia galería de vinos blancos trazados en muchos casos con una personalidad fuera de toda duda y polémica, en donde las características varietales prevalecen sobre el simple instinto mercantilista y sobre el simple efecto comercial de los productos ofrecidos al consumidor. De aquellos txakolis de nuestros aitites, que no eran como afirman algunos tan malos, sino más bien hijos de una época; que se bebían en los ámbitos rurales, en ferias navideñas de Santo Tomás y en las tabernas y comedores de montes y puertos del Pais Vasco, hemos pasado en nuestros días a vinos blancos cómodos, elaborados con gusto, en donde los niveles de maduración de la uva se miman con cuidado y en donde la labor de bodega no se deja al libre albedrío. Se ha avanzado en el universo del txakolí, y desde luego en este Txomin Etxaniz en edición de añada 2014, que pude catar y disfrutar en compañía de mis cuñados durante una comida familiar celebrada en el restaurante Arrokaberri de la localidad guipuzcoana de Hondarribia, estas credenciales sobresalen por delante de cualquier otra consideración.
El barrio de Eitzaga y Txomin Etxaniz con a estas alturas unos grandes conocidos para todos los que de un modo u otro planeamos a menudo por los cielos de estos vinos de la denominación Getariako Txakolina, con la personalidad de la uva hondarribi zuri bien planteada y afinada con la buena singularidad de la hondarribi beltza.
Vino blanco sin crianza que aporta en copa parada un color amarillo pálido con reflejos verdosos muy suaves y acerados, brillante con leve percepción de un crepitante carbónico muy fino.
La nariz ensalza recuerdos frutales y florales, con un guiño láctico no demasiado intenso y algunos detalles finales que evocan hierba verde fresca, todo ello en clave de buena integración en el conjunto aromático.
La boca es un despliegue de frescura, hago especial a una traza de acidez controlada e intensa, que se expone con longitud, marcando las notas de fruta en buena medida, y aportando tras una textura fluida, una magnífica personalidad.
Retronasal que manda notas de manzana verde, pera de agua, ciruela claudia a medio madurar, flores blancas, hierbabuena y un fondo de naturaleza que se emparenta con sensaciones balsámicas.
Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.
Como suelo afirmar de vez en cuando, es un vino con perfil comercial, pero gracias a una indudable dosis de buena personalidad, asciende un peldaño más en la escalera a la gloria. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario