jueves, 8 de enero de 2015

Je Suis Charlie.



El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre,
lo que la rabia es al cólera.
El que tiene éxtasis, visiones, el que toma los sueños por realidades y sus
imaginaciones por profecías, es un fanático novicio de grandes esperanzas; 
podrá pronto llegar a matar por el amor de Dios.
Voltaire.

Escuchando ayer al ilustrador gráfico argentino, afincado en España; Darío Adanti, fundador de la revista Mongolia, me reafirmé más aún si cabe en este comienzo de artículo con una frase de mi admirado Voltaire, francés como todos los asesinados ayer en París, al que Adanti calificó como seguramente uno de los fundadores de la sátira, género literario y también gráfico que resulta ser, paradojas tiene la vida, tan francés en origen como el champaña, aunque esté inspirada en la poesía yámbica griega. Una de las reflexiones menos satíricas del gran Voltaire adquiere en pleno siglo XXI y por desgracia, plena actualidad.
Saben quienes me siguen más ó menos a diario, que jamás dejó de publicar crónicas de cata vinícola y gastronómica, aunque hoy lo haga por simple solidaridad y respeto hacia los doce fallecidos en París por culpa de la barbarie sanguinaria y cruel. Simple aunque sincera, porque para quienes nos gusta la creatividad, a quienes buscamos mediante la imaginación dar forma a la pasión, lo hagamos mejor ó peor; el asesinato de cualquier ser humano es siempre reprobable y condenable, una dura aberración. ¿Que quieren?, ayer no estaba yo para catas, ni siquiera para escribir de ellas.
Cuando las víctimas, ó al menos una parte de ellas, son creadores de ilusiones, satíricos arquitectos que buscan mediante su trabajo divertir a la par que realizar críticas sociales, la tragedia adquiere un sesgo no más grave, sí más desgraciado para alguien que como yo, admiro el periodismo y la información. Es como elevar al cubo la tragedia, sin perder el Norte que la brújula imaginaria de eso que algunos denominamos humanismo, nos marca : ante todo el ser humano, luego lo demás.
Primero en su condición de seres humanos, haciendo mención al humanismo, tan depreciado en nuestros días y en cuyo núcleo reside gran parte de nuestra razón de ser. Era Voltaire francés, filósofo, defensor del raciocinio y del respeto a la humanidad, y sin embargo en su espíritu creativo había altas dosis de sátira. La sátira nunca es condenable, forma parte de la más pura libertad de expresión, e incluso incomprendida y criticada, siempre debe ser acogida con altas dosis de humor, ya que no es concebible un sátiro que pretenda ofender por el simple vicio de la ofensa. El respeto a la vida es un derecho primordial en una sociedad que no desprecie a la humanidad y está por encima de ideologías, creencias y opiniones.
Segundo, al cuadrado, en su condición de informadores, divulgadores y periodistas, gente sencilla en la mayor parte de los casos conocidos, que hacen de su trabajo un motivo pasional de comunicación, un intercambio de sus ideas que mediante el uso de un lapicero de grafito se trasladan a la sociedad, para que quien quiera las admire y quien no quiera mire para otro lado. Viñetistas, ilustradores gráficos que a buen seguro no buscaban popularidad, tampoco más fama que la que le reportara su trabajo diario, sentados en sus mesas de dibujo y en sus escritorios. Estoy más que seguro que Charbonnier, director de la revista, y el resto de los dibujantes asesinados, buscaban en realidad ganarse un espacio en la selva editorial francesa, atrayendo a lectores capaces de valorar la libertad de expresión en su más amplia medida, esa que nos hace reir comprendiendo en realidad que hasta la religión merece ser tratada con buen humor y no con el odio y la ira que algunos aplican a sus creencias, buscando la excusa del falso respeto. Huir de los excesos y los fanatismos religiosos es una conducta inteligente y no obviemos que también en nuestra inmaculada civilización occidental existe espacio para grupos y organizaciones que amparándose en la oscuridad de la trastienda religiosa, vulneran con impunidad algunos de los derechos humanos.
Tercero, y elevación al cubo, una tragedia para quienes admiramos la personalidad creativa y luminaria de personas como los trabajadores de Charlie Hebdo, admiración a todos los creadores, a quienes día a día y de mil maneras nos alegran, nos divierten, nos congratulan, nos hacen, en fin; la vida un poco más llevadera.
En fin, el crimen de seres humanos, sean quienes fueren;  es siempre una tragedia.
La masacre de ayer en París incluía en el mismo saco y por desgracia a dos agentes de policia, uno de ellos musulmán. Agentes de policía que muchas veces es maltratada, ofendida, y que dedican su vida y esfuerzo a que nuestra rutina tenga continuación, a que nuestra seguridad no tenga altibajos y mucho menos tragedias. En esta ocasión, no lo lograron y dieron su vida en el intento.
La masacre del Charlie Hebdo es, en sí misma, una inmensa desgracia por cada uno de los factores mencionados, pero también lo es porque resulta un inaguantable ataque a la libertad.
Nadie se engañe, las viñetas del semanario no son el núcleo central de esta tragedia, son sólo una excusa puesta en circulación por un grupo de alucinados abducidos e intolerantes, que Voltaire ya retrató. Y lo es porque todo puede ser bueno cuando se busca mediante la agresión, la mutilación, el crimen, imponer una locura, una estúpida necedad insolente. Desde el odio al jamón york, pasando por la repulsión hacia el vino ó el fanatismo anti lácteo. Si a estos chiflados criminales un día se les ocurre poner en la diana a todos los que veraneamos en la playa, ó a los calvos con ojos verdes, no duden en que lo harán.
Los trabajadores de Charlie Hebdo han sido asesinados no en base a unas ideas, ó a una supuesta falta de fe, ni siquiera a una presunta blasfemia. Charb y sus compañeros han caído por defender al ser humano, al raciocinio, a la libre opinión y a eso que muchos llamamos humanismo. La diversidad y la discrepancia nunca pueden ser motores del crimen, sí del debate, del intecambio de ideas y verdades, de la facultad de aprender y divulgar, de la creatividad y por supuesto de la imaginación.
Justo lo que los terroristas de ayer no comprenden, justo lo que sus formadores en los siniestros campamentos guerrilleros nunca les enseñaron.
Je suis Charlie, y como añadió ayer otro de los más renombrados y geniales ilustradores franceses, compañero de profesión de las víctimas, el gran Jean Plantureux, apodado como Plantu; de tout coeur.
Con ese corazón sin coraza, con esas lágrimas de tinta, con esos trazos de lapicero, y por todos ellos, hoy en este blog no encontrarán ni una sola gota de vino. Hoy el vino queda en segundo plano.  Envaino pues el sacacorchos. Hoy son los doce asesinados quienes con sus vidas perdidas levantan la bandera de la solidaridad y la humanidad en este blog. Vidas perdidas, que serán vengadas, siempre con el uso de la palabra, la letra y el dibujo de quienes disfrutamos creando, divulgando y entreteniendo al prójimo.
Venganza serena, pero firme. Venganza honrando sus memorias y recogiendo, cada uno dentro de nuestras posibilidades, el testigo que nos dejan, que no es otro que el del humanismo y la libertad, siempre con una sonrisa.
En paz descansen y para sus asesinos, el mayor de mis desprecios.
Je Suis Charlie de tout coeur...





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