miércoles, 14 de enero de 2015

Je suis Charlie, oui...¿y ahora qué?.


No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.
Aristóteles.

Lo que para el autor de Magna Moralia era, probablemente, una sencilla aseveración; es en estos días una reflexión de plena actualidad, al menos bajo mi punto de vista.
Permitirán mis lectores habituales que dedique una entrada más de mi blog a la trágica semana de París, esa que nos revolvió de nuestros sillones y nos trasladó un triste espectáculo de sangre derramada en nombre del fanatismo.
El jueves pasado envainaba mi sacacorchos en señal de respeto, reconocimiento y homenaje a los doce miembros de Charlie Hebdo y a los policías caídos, y hoy quiero empezar prolongando ese reconocimiento sincero a las otras víctimas de la locura, al resto de ciudadanos franceses cuyas vidas fueron aniquiladas por culpa de la sinrazón, de una cruel bestialidad condenable sin matices.
Tras el duelo y tras la superación de la negación de lo acontecido en París la pasada semana, manteniendo con firmeza el Je Suis Charlie que algunos seguimos considerando innegociable, cabe ahora la oportunidad de la reflexión. Ya lo han hecho algunos con preocupante celeridad y otros con más ajustados cánones de responsabilidad.
Mientras escribo este artículo me llegan noticias de un acuerdo entre los dos principales partidos de este pais, en aras de aprobar en consenso, incluso buscando la complacencia del resto de los grupos con representación; una serie de medidas para buscar mayores cotas de seguridad que alejen la presencia de insensatos asesinos yihaidistas en nuestra geografía. Todo intento es válido, por pequeño que pudiera parecer.
No obstante y dejando a un lado las medidas jurídicas y políticas a tomar, cuestión esta de vital importancia, pero no suficiente, considero a título personal, que es también necesario buscar mediante la autocrítica de quien razona y no se mueve sólo por impulsos, cuando no por intereses tejidos en la trastienda de las ideologías, un sólido cimiento de reflexión.
Primero, desterrar, ya lo están haciendo algunos periodistas y políticos destacados; la idea de unir terror e Islam. No sólo debido a que uniendo esas fichas se cometa una más que evidente injusticia, sino también porque en esas mimbres nace la víbora del odio y la ira, esa que nos atormenta con terquedad en todo el mundo. Lo dije el día pasado y lo repito : tras estos sangrientos atentados no hay justificación posible, ni siquiera ideas ó religiones. Las viñetas de Charlie Hebdo no son sino una excusa que busca el fanatismo para intentar confundirnos. La sátira, como elemento de libre expresión, como guiño humorístico, nunca debe ser confundida con una blasfemia ó una falta de respeto. Y creánme, en las viñetas de Charb y compañía, no he visto ni un solo golpe que no sea de humor. Pretender lo contrario es, ó ser demasiado insustancial para terminar viendo lo que no es, ó demasiado intransigente. Las viñetas de Charlie Hebdo sólo ofenden a quienes buscan mediante una especie de obsesión defensiva, sembrar una polémica que nunca debiera haberse generado.
No hay sombra del Islam en los atentados de París. Sí de una iracunda legión de siniestros personajes cuyos intereses reales no alcanzamos a comprender, aunque a buen seguro existen.
Buscar excusas para intentar justificar el odio, la violencia, el fanatismo es fácil. Todo vale.
Debe saber la ultraortodoxia, prostituya las creencias que prostituya, que siempre tendrá enfrente a quienes creemos en los hombres y mujeres que pretenden caminar por este mundo de la mano del respeto y la tolerancia al desigual,
Segundo, no cometamos la torpeza de rebasar el equilibrio entre ganar seguridad cediendo libertad, con medidas que terminen convirtiendo Europa en un desaforado estado policial, en donde los ordenamientos jurídicos cambien, minimizando nuestra intimidad y convirtiéndola en una anécdota del pasado. Ceder demasiada libertad buscando más seguridad puede convertir nuestros paises en jaulas doradas, en espacios en donde nuestras libertades sean maltratadas hasta llegar a una especie de censura inaguantable y a un intervencionismo por parte del Estado que roce, auspiciado por estos momentos de revuelta; el escándalo y la perversión democrática.
Ceder libertad para evitar asesinatos está bien, siempre que en esa cesión se salvaguarden los límites razonables que marca un auténtico Estado de Derecho con real división de poderes. Lo contrario sería una aberración, cuyo precendente más próximo, el Patriot Act de George Bush, resultó ser un sonoro fracaso.
Tercero, y ampliando la autocrítica, estos días me he cansado de oir en algunos medios lo brillante que es nuestro entorno occidental civilizado. No cabe duda que los niveles de bienestar, últimamente sin embargo algo tocados, nos convierten en seres privilegiados respecto a los de otras zonas geográficas del mundo. No cabe duda de que no existe la perfección y que en nuestra herencia de procedencias dispares aunque muy fructíferas, hay un elevado concepto cultural que tiene relación directa con eso que llamamos civilización, derecho y raciocinio.
Y sin embargo, usando lo que algunos, estos días; han atacado sin pestañear, tampoco es menos cierto que en gran medida y haciendo un análisis más amplio, buscando el más allá del problema, ese que algunos no quieren ni oir y mucho menos reconocer; una parte de responsabilidad en esta incultura procedente del polvo del desierto también nos corresponde. A estas alturas, por ejemplo, no hay quien niegue que el iracundo personaje de Ben Laden es, en su origen, una creación de nuestro civilizado Occidente que se les fue de las manos, que los colonialismos e imperialismos históricos y muchas veces histéricos de Occidente sembraron los suelos del desierto de polvos, que en el presente nos traen estos lodos. Que con una visión imparcial de la historia, Occidente no sale indemne en una parte no única, de una espontánea prueba del algodón en cuanto a responsabilidad en la tragedia.
Aprender de los errores cometidos, para no volver a cometerlos. Aunque el hombre, según afirman algunos, sea el único animal capaz de tropezar una y otra vez y de terco modo, con la misma piedra. La de su orgullo y prepotencia.
Lo que muchas veces denominamos tercer mundo a veces se rebela, y en esas formas variadas de rebelión, figura con sangrientas y trágicas letras la presencia del yihaidismo salvaje, el que durante varios días actuó en París, habiéndolo hecho con anterioridad en otros puntos de nuestra geografía occidental, entre ellos la capital de España.
Omitir en la historia, algunos lo hacen sin rubor; este punto es no pretender atajar el problema en toda su extensión. Puede ser políticamente incorrecto, pero no por ello atenta contra la verdad, esa que algunos miran con desprecio e interesado recelo. Esa que a veces duele cuando se lee ó escucha.
Por último, mi crítica respetuosa a quienes durante estos últimos días se han permitido el lujo de negar el Je Suis Charlie, condenando eso sí los atentados. Crítica no para generar reproche, sí para hacerles comprender que tras estos terribles actos de locura no se esconde la crítica a las presuntas blasfemias que estas gentes atribuyen a los creadores del semanario francés atacado. Personalmente mantengo mi personal Je Suis Charlie, porque más allá de viñetas irreverentes hay vidas humanas y una defensa inquebrantable de la libertad de expresión y opinión, todo ello en consonancia con la dignidad humana. Cuando la mayoría de nosotros, los que nos hemos anunciado como Je Suis Charlie, decidimos hacerlo, en caso algunos perdimos el tiempo en valorar si esas u otras viñetas del equipo profesional de Charlie Hebdo nos gustaban más ó menos, ó si incluso nos parecían un ejercicio de falta de respeto. Eso es algo, creánme, que nadie de nosotros se ha molestado en juzgar. No era el momento ni la oportunidad para ese debate. Mi Je Suis Charlie comulga con las sagradas formas de esa libertad y dignidad humana, que unos abducidos por la locura canalla y criminal han volado por los aires sin escrúpulos. Con esa defensa prioritaria de unos valores, que el cristianismo en parte también defiende como propios, que conforman nuestra visión de una sociedad humana, plural y racional. Si las viñetas de Charlie Hebdo eran constitutivas de una falta de respeto ó no, es algo que poco importa cuando las kalachnikov sustituyen y destruyen la creatividad de los lapiceros.
La frase de Aristóteles que encabeza este artículo lo deja suficientemente claro.
Quienes decidieron libremente no ser Charlie, a mi juicio, cometieron la torpeza de confundir los términos de esta tragedia. Una confusión que ni entiendo ni acepto, aunque no me quede más remedio que admitir.
Hoy he vuelto a envainar el sacacorchos, segunda vez en el plazo de una semana. Espero no tener que hacerlo más veces. Será señal inequívoca de que las horribles muertes de los caídos en París no han sido estériles. Que de sus lapices caídos y recogidos por sus colegas de redacción supervivientes han florecido nuevas viñetas, nuevas sátiras y mayores dosis de comprensión a la crítica social, política y religiosa. Humor ó Muerte, por favor que siempre triunfe el Humor.
Con la personalidad satírica de Voltaire, de su compatriota padre de Gargantúa y Pantagruel, François Rabelais ó de nuestros muy españoles Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Leopoldo Alas ó Modesto Lafuente.
Suerte y fuerza al humor, potencia a la sátira. Es lo que Charb y los suyos quieren, allá en donde estén, a buen seguro armados con sus palos de gráfito.

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