lunes, 26 de enero de 2015

Errekalde Txakolina Hiruzta Txakolina 2014.




Quiero antes de empezar, demostrar mi gratitud a la familia Rekalde y a Marina Vallet de Montano por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, a los primeros en su condición de propietarios de esta bodega hondarribitarra y a Marina, relaciones públicas de Hiruzta Txakolina por su amabilidad, entregándome en mano las muestras a catar, durante mi estancia navideña en esa bella zona del Bidasoa guipuzcoano.
El aprecio que tengo hacia los vinos blancos de la denominación Getariako Txakolina se debe en gran medida a su indisimulado, a Dios gracias; perfil de vinos lozanos, frescos, agradables, con esa txinparta crepitante y suave que danza sobre lengua y paladar, transmitiendo al bebedor toda una suerte de sensaciones.
Gozaba este Hiruzta Txakolina en edición de añada 2014 de esa presencia divertida, y desde luego convertía los aportes varietales de la hondarribi zuri, creo que con un pequeño aporte de gros manseng, en una explosión de sabor, con una propia personalidad que desborda algunos de los tópicos procedentes de la ignorancia que a veces escuchamos sobre la generalidad de los txakolís blancos que se elaboran y comercializan en el Pais Vasco.
Con las manos firmes de Pepe Hidalgo y Ana Martín Onzain en su calidad de enólogos asesores externos de esta bodega guipuzcoana, estamos delante de una magnífica añada de este vino lozano, agradable y equilibrado. Tras la preceptiva vendimia se procede con un proceso de desgranado y estrujado seguido de un prensado suave. Desfangado estático en frío al que sucede una fermentación con temperatura controlada. Estancia en depósitos a baja temperatura para mantener en disolución el gas carbónico natural. Clarificación y estabilización, antes del embotellado.
En copa parada muestra un color amarillo pálido con reflejos verdosos y ligeramente acerados, mostrando en la proximidad aromática una buena complejidad cítrica y de frutos blancos e incipientes retornos olfativos de piña, aún no demasiado marcados.
Es una auténtica gozada admirar en la copa los destellos brillantes y la nota chispeante del carbónico natural, con una impecable estética.
En segunda instancia, el perfume describe recuerdos de flores blancas, con el jazmín y el azahar como protagonistas principales.
Boca gozosa en el arranque, con amplios detalles de golosura y con la punta carbónica dejando su huella, con un cosquilleo agradable. Su traza de acidez es prologada e integrada en el conjunto, hay empaque en la expresividad de este vino blanco. En la retronasal acredita recuerdos sinceros de manzana verde, pera de agua, pomelo, con los mismos créditos florales que los exhibidos en su cercanía nasal y amplificando en un punto más el guiño de fruta tropical, piña; y un atisbo balsámico mediano. Finaliza con un detalle de salinidad muy agradable, que prolonga más si cabe, su expresión.
Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Muy placentero, me ha encantado. Por cierto, no me ha hecho falta escanciarlo, este vino, y siempre a mi modesto entender, no precisa ese ejercicio, que para algunos puede que se haya convertido en un recurso necesario previo al consumo. En mi caso, y no pretendo parecer purista, esas prácticas las empleo sólo con la sidra.

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