viernes, 16 de enero de 2015

Compañía Bodeguera Valenciso Reserva 2008.


Ya un clásico en mi blog y por lo tanto en mi gratitud a Luis Valentín y Carmen Enciso, por su habitual a la par que desinteresada colaboración con mi espacio divulgador de la cultura vitivinícola.
En esta oportunidad aporto mis conclusiones referentes a la edición de añada 2008, catada y degustada durante una de las comidas familiares de esta pasada Navidad, y que me fue entregada en mano por los responsables de esta bodega riojana, localizada en el término municipal de Ollauri.
Tempranillo en clave monovarietal, nueva añada tras la triunfal cosecha del año anterior, un Valenciso Reserva 2007 que llenó páginas de admiración y que fue altamente valorado por los principales gurús del mundo, a la par que por quien dirige este blog.
Un vino que si por un casual aún figura con esos dígitos en su vinoteca particular, recomiendo lo descorchen en alguna de esas comidas especiales que suelen aparecer en nuestras vidas, ya que es todo un valor seguro, un vino que incluso ha ganado en elegancia, en equilibrio y en expresión de riojanismo vinícola. Pero centrando mis esfuerzos en esta añada 2008, debo manifestar ante todo que demuestra una lozana condición de presente, con motivos amplios para considerar su guarda responsable de momento, buscando en unos meses mayores cotas de esplendor. Con mi experiencia de perspéctiva vinícola de futuro, ganada por la pasión que tengo atesorada por algunas visitas a los primeur bordeleses y por el gusto personal que obtengo catando vinos de barrica cuando visito bodegas, creo que estoy más que en condiciones de aventurar que estamos delante de otra buena cosecha del tinto reserva de Valenciso, tal vez diferente a la añada anterior, a Dios gracias ya que no hay valor más admirable en esto del vino que comprobar como todas las añadas son diversas entre sí, diferenciadas en función de los climas y condiciones de cada cosecha; pero igual de afable, elegante, frutosa y con proyección de equilibrio en la balanza entre fruta y madera.
Presenta en copa parada un color apicotado de buena intensidad, con reflejos violáceos.
Primera aproximación olfativa que apunta recuerdos de fruta negra madura, diferencia con la del 2007 en donde abundaba un descriptor aromático más de fruta roja; con segunda instancia basada en memoranzas de perfume especiado dulce, cacao y balsámicos, estos enfundados en un perímetro de golosa fruta que tras unos minutos de aireación se muestra dominante. Hay algunas notas de caramelo y lácticos, algo menos intensas, que deambulan por el fondo del perfume.
La boca es jugosa, mucha fruta en el avance, con una buena traza de acidez, el frescor procedente de la tempranillo matizado con algunas notas cremosas finas y con un punto de amargor ligero e integrado en el conjunto que le da al vino en esta añada una gran personalidad. Los taninos se muestran marcados y golosos, y aunque no hablaré de señal de astringencia ya que no aparecen, si demuestra en lengua y paladar un débil guiño de ella que doy fe, desaparecerá a partir de seis meses más de guarda responsable en botella. En todo caso y en la comida donde presidió con honores la mesa, tuvo un mayoritario éxito. La franqueza varietal de la tempranillo es evidente y enfoca una buena seña de persistencia, con la retronasal marcando recuerdos de arándanos y moras, vainilla en segunda zona de escena, desplegando después un buen y complejo tono balsámico que reúne evocaciones de regaliz y mentol. Hay en esta fase de la cata un recuerdo personal a bombón inglés, entendiendo como tal el popular after eight y todos sus derivados. Finaliza con una racha de cremosidad procedente de la madera, que se conjuga con un prolongado efecto de sapidez y un fino gesto amargo que repercute en la atractiva personalidad de esta añada.
En resumen, y en su presente, lo califico como muy recomendable, esperando que en el plazo ya mencionado pueda subir un par de escalones más en la escalera de la gloria vinosa, esa que tanto me gusta escalar. Lo volveré a catar en un plazo medio, y les contaré.
Tiene muy altas dosis de carácter y personalidad, aunque es bueno echar mano de la paciencia para, a veces; lograr la excelencia. Creo que va por muy buen camino para obtenerla.

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