domingo, 18 de enero de 2015

Celler La Vinyeta Sereno Solera 2009.





Mi agradecimiento a los responsables de esta bodega del Alto Ampurdán por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus principales referencias. Habiendo comentado ya gran parte de ellas en entradas precedentes, procedo hoy con este vino generoso seco, que se elabora con la base varietal de garnacha roja y que cumple con creces la tradición de los vinos rancios procedentes del buen hacer de las masías de esta zona geográfica de Cataluña.
En su proceso de vinificado se utiliza el sistema de soleras en barricas viejas de madera de roble francés, lo cual le aporta una sugerente parentela con los vinos del Marco de Jerez, elegante en su cromática, desplegando en copa parada un color ambarino en el que brillan reflejos anaranjados con algunas insinuaciones marrones claras. Brillante y sensaciones estéticas glicéricas. Primera aproximación olfativa que desarrolla evocaciones de ebanistería, frutos secos, barnices y resinas, guiños de segunda instancia que magnifican la piel de naranja confitada, melosidad controlada, un toque ahumado con hierbas aromáticas, incluyo una memoria de tomillo y camomila, finalizando con un amplio retorno de fragancias que nos trasladan al monte y al bosque, todo en una envolvencia de licorosidad.
La boca arranca con suavidad, anoto algunos tonos de fino amargor, estos sugerentes, con la traza oxidativa bien integrada, la fruta bien representada, deja señas de un contenido goloso no demasiado amplio pero perfilado con notable identidad varietal.
Untuosidad en el avance, tal vez moderado en cuanto a persistencia, no es demasiado prolongado en su parte final, y sin embargo sí aporta un notable apunte de sapidez, con señas controladas de calidez, y una retronasal en donde aparece detallada una similar credencial descriptora a la reflejada en la fase olfativa, basada en almendra, piel de naranja en escarcha, alguna melosidad, ebanisteria y barnices, hierbas y perfumes de tocador, tomillo y camomila, arbustos de bosque y monte en concepto otoñal, compota de frutos navideños, mención especial para un fino y sugerente guiño de higos secos y dátiles, finalizando con la sapidez, aunque haya echado de menos ya en el epílogo un recurso de prolongación, que tal vez hubiera deseado identificar como el amargor fino, propio de estos vinos generosos que acreditan la noble oxidación.
Si bien es cierto que su final no es prolongado, su potencial de complejidad aromática y esa envidiable sutileza en el paso por boca y paladar, le dan una personalidad muy efectista.
Lo califico en esta añada 2009 como muy recomendable.

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