martes, 27 de enero de 2015

Bodegas La Val Albariño 2013.




Siempre que me dispongo a catar un vino albariño esbozo la sonrisa de suficiencia, dentro de los cauces de la humildad, de quien sabe que la fama inmerecida del exceso de expresión ácida de estos vinos de la denominación Rías Baixas es una leyenda urbana más de cuantas abundan en nuestra sociedad de los elevados conocimientos vitivinícolas. Siempre lo digo, en esta cultura del vino es saludable huir de los individuos que presumen saber un montón de esto, de quienes pretenden ridiculizar a quienes de un modo humilde pretendemos en la medida de nuestras posibilidades contagiar un estusiasmo, siendo sinceros con nosotros mismos y con quienes nos leen y escuchan, nunca con la pretensión de dar lecciones magistrales, si con la noble idea de difundir nuestro punto de vista sobre un vino y otro más.
Las leyendas urbanas, los tópicos de algunos picaflor que a Dios gracias no abundan pero sí molestan, incordian y terminan resultando maleducados y hasta groseros, no deben ser tenidas en cuenta, más que nada porque detrás de su presunto doctorado en vino, se esconden envidias, intereses creados y oscuras pretensiones de protagonismo.
La supuesta reina acidez, que algunos siempre vinculan por norma, con los albariños, los cavas y los vascos txakolís, no puede ser utilizada con prejuicio injustificado como piedra arrojadiza para desmotivar al consumidor cuando decide adquirir ó consumir cualquiera de estos vinos de nuestra geografía vitivinícola.
Los vinos se juzgan por suelos, climas, subzonas dentro de la zona, elaboraciones, maduraciones y tantos y tantos factores que influyen en su formación.
Tras este alegato, que creo ya necesitaba realizar, quiero agradecer a los responsables de esta bodega salvaterrense su desinteresado envío de muestras, segunda que me realizan, al objeto de mi cata, análisis y posterior publicación en el blog.
Hace alguna semana comenté mi criterio acerca de la otra etiqueta que me fue enviada, la del Mas que Dos del Condado do Tea. Hoy le toca el turno a este albariño en edición de añada 2013, un vino blanco elaborado con frutos procedentes de las parcelas Taboexa, Arentei y Pexegueiro, con vendimia realizada a mediados del mes de setiembre, posterior maceración durante seis horas y fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, esta durante un periodo de entre dos y tres semanas, siempre bajo control de temperatura.
En copa parada muestra un color amarillo pajizo con reflejos verdosos, brillante estética.
Nariz que esgrime una aromática cítrica, con notas florales en segunda instancia, suaves sensaciones de fruta blanca e incluso tropical, esta menos marcada, deslizando ya en el punto final un guiño balsámico.
Arranca en boca con buena sensación de frescura, la golosa fruta aparece bien integrada en el avance, dejando junto a una hermosa envolvencia, una seña golosa que enfoca el alcance que el vino ejerce sobre el paladar. El frescor del vino y su acidez acreditan un buen control, con media alta seña de persistencia y prolongación. Retronasal que habla de manzana, limón y débil descriptor de pomelo, con detalles de pétalos florales blancos, y un retorno balsámico que cierra su exhibición particular.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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