lunes, 22 de diciembre de 2014

Eyes Wide Shut.


Me comentaba el otro día un enólogo de los muchos con los que hablo a lo largo del año, que los responsables de cierta guía de vinos de esas que se dedican a puntuar a diestro y siniestro por nuestra geografia, había rechazado sus quejas acerca de que las catas se realicen con la etiqueta a la vista, enfrentándole algo así como "los consumidores cuando eligen sus vinos en las vinotecas ó supermercados no las compran a ciegas", estúpido argumento que sólo procede de quien no tiene razones lógicas para argumentar lo que carece de lógica.
No voy a presumir de lo que no hago, ya que en efecto, y habida cuenta de que mi organigrama de catadores sólo cuenta conmigo, independiente de que miembros de mi familia y algún amigo puedan acompañarme en la cata; no me resulta factible catar siempre a ciegas. Pero cuando tengo tiempo lo hago, y lo hago porque no ver lo que estás catando contribuye, primero al aprendizaje, segundo a lograr mayor grado de imparcialidad y objetividad.
Sería oportuno, como ya hacen algunos críticos, por desgracia la minoría; catar siempre a ciegas, valorar lo que catas sin tener conocimiento previo de que año, que uva ó uvas, que bodega, que denominación y cuantos años de madera ó la ausencia de ella, se esconden detrás de un vino. Ejercicio de humildad para catador, crítico y hasta para esta y aquella bodega.
Uno de mis mayores objetivos consiste, para el 2015, en llegar a incrementar en bastante proporción el número de botellas que cate a ciegas. Durante el pasado 2014 calculo a grosso modo que mi porcentaje de catas ciegas rondaría un cincuenta por ciento.
Cerrar los ojos es conveniente de vez en cuando. Vivimos en un mundo en donde la rapidez es rutina, todo se mueve a una velocidad de vértigo y aunque sea media hora al día, aparte de las horas que dedicamos a dormir; es saludable cerrar los ojos de un modo intermitente, para sentir, valorar y captar descriptores y matices. La parte más sensorial del ser humano debe tener su espacio, una reivindicación que contribuya a esa loable y tan extendido deseo de ser más humanos. Ahora, con la Navidad a la vuelta de la esquina, lloverán mensajes de paz y felicidad. Desde mi posición de catador y escritor gastronómico y vitivinícola aconsejo a mis lectores dedicar una mínima parte del día a cerrar los ojos sin dormirse. Con una copa de buen vino, un vaso de aceite de oliva vírgen extra, una cerveza artesanal, uno de esos quesos celestiales ó un glorioso destilado. Verán como son capaces de agudizar esa zona cerebral en donde los sentidos juegan a la danza, encendiendo la mecha de nuestro corazón y hasta del alma misma.
Cerrar los ojos en plena época de zozobra financiera y política no nos aleja de la realidad, no nos convierte en Don Quijote delante de los molinos, simplemente nos ayuda, en parte; a ser un poco más humanos, a reunirnos en comunión con la parte menos civilizada de nuestra naturaleza y más humana de nuestro ser.
Creánme, desde siempre me ha dado lástima comprobar como quedan individuos que piensan que lo de captar sensaciones en vinos, aceites ó quesos es poco menos que una chufla, un invento friki que asusta al consumidor y lo aleja del consumo. Y con mi espada de catador y escritor sigo y seguiré insistiendo con la terquedad que me facilita ser del signo zodiacal Tauro, y con la pasión que siento por este fascinante mundo, en salpicar la ilusión a todos aquellos que quieran compatir experiencias y sensaciones, que son al final la clave que el consumidor medio busca cuando se acerca a una botella de vino ó aceite.
Cerrar los ojos no es una simple válvula de escape, es reencontrarse con lo más profundo de la especie humana y desde luego, y en esto del vino, con la mayor dosis de objetividad posible.
Ya lo dijo el genial aforista argentino José Narosky : "la sensibilidad es una riqueza cuyo dueño siempre desea compartir". 
Por ello, queridos lectores, durante el próximo año 2015 haganme todos el favor de cerrar los ojos de cuando en cuando, verán como sus sentidos se abren y logran mayores cotas de felicidad y estabilidad emocional. Un simple ejercicio que, se lo aseguro, les servirá de aprendizaje y también para avanzar en la búsqueda de sus raíces como ser humano, al menos en el capítulo de los sentidos.

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