miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cervezas : Cerveza La Salve Bilbao.




Alguien nacido en Bilbao, en 1965, conoce la cerveza como bebida propia, con matices de autóctona, con la cercanía de la Ría del Nervión pero sobre todo con la coletilla de La Salve, la cervecera por excelencia, lugar como de casa, donde uno bebió sus primeros sorbos de esta bebida cuando aún no levantaba ni cinco palmos del suelo, y siempre bajo la mirada y el patronaje de autoridad de su aitite.
Una cervecera, que fundada en 1.886 por José Schuman y Cordes, hijo de un alemán cervecero afincado en la Villa de Bilbao, y localizada justo debajo el Puente de La Salve, fue adquirida a principios del siglo veinte por una bilbaína emprendedora de las de armas tomar, Lucía Yarza. Tras años de letargo, a partir de 1.978, vuelve a dar luz en 2014, en plena ebullición de la cultura del lúpulo y las maltas. Y para los bilbaínos y bilbaínas de pro oir cerveza y La Salve, es como estar en casa.
De la mano de Jon Ruiz, a quien agradezco su envío desinteresado de varias muestras de su referencia principal; esta cerveza de Bilbao es para muchos de nosotros, que crecimos inspirados por aquel sabor tan natural, un regreso a los recuerdos del pasado, como si la famosa magdalena de Proust y su síndrome quisieran visitarnos con regocijo.
Como bien apunta su creador "es una cerveza sin carbónico inyectado, sin pasteurizar...", agua, cebada malteada, lúpulo y levaduras, en donde la pasión por el trabajo bien hecho desemboca en un entrañable y positivo resultado.
Buen despliegue de espuma blanca, con un color amarillo de buena intensidad y cierta turbidez, magnificando en la aproximación olfativa recuerdos frutales, alineados junto a las memorias descriptivas del lúpulo que aportan un golpe certero de amargor. Hay sensaciones cítricas en boca, con la seña ya descrita en nariz de amargor lupuloso, con paso suave, con una buena huella de cremosidad, y una magnífica prolongación.
Tiene buen equilibrio entre tonos golosos, ácidos y amargos y durante su cata resulta muy refrescante.
¿Que quieren que les diga?. Hay olores y sabores que uno lleva dentro. Y los de la cerveza La Salve de Bilbao, forman parte de mi infancia, y de los recuerdos que uno guarda de su aitite.
Aunque buscando la máxima cota de objetividad, la califico entre muy recomendable y más que muy recomendable. Regreso al pasado, retorno a las legendarias cerveceras bilbaínas.

2 comentarios:

  1. Me quedo sobre todo con la magdalena de Proust y el síndrome... ¡mi enhorabuena por este gran trabajo de divulgación!

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  2. Gracias - Es un honor colaborar en la difusión de tanto trabajo y esfuerzo, el de vosotros los elaboradores !!!
    Un abrazo

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