miércoles, 24 de diciembre de 2014

Bodegas Alvear PX 1927.




Mi agradecimiento a la familia Alvear, encabezada en la presente generación por Fernando Giménez Alvear, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus referencias principales, algunas de las cuales ya he catado y comentado en varias entradas precedentes de este blog.
Bajo el mando enológico de Bernardo Lucena, este monovarietal de uvas Pedro Ximénez, reivindica con verdadera elegancia la personalidad de esta casta vitícola, y además en tal día como hoy, Nochebuena, enlaza con la parte más gastronómica de la cultura del vino, la aplicación a la cocina de estas joyas, que catadas y degustadas con autonomía, sirven también para elaborar creaciones culinarias de primer orden.
De hecho, yo mismo he utilizado dos cucharas de este PX 1927 de Alvear para dar luz a un puré de manzanas reineta, que serviré a mi familia durante la comida de Navidad acompañando varias raciones de solomillo de buey.
Para quienes a estas alturas aún no tengan las ideas claras e incluso para aquellos que las tengan, les puedo garantizar que una botella de este vino que Bodegas Alvear defiende en el mercado, les puede dar mucho juego en una mesa de Navidad, no sólo dando luz en los postres, con turrones, mantecados y polvorones, sino también acompañando helados y tartas, e incluso como ingrediente de importancia en un puré de manzana como el que yo he elaborado y que puede servir de guarnición a cualquier plato principal de carne, granja ó caza.
Vinificado mediante el método de uva pasificada y madurado mediante el sistema tradicional de soleras, con rocíos periódicos y sacas, acredita un tiempo de cinco años de crianza en botas de roble americano.
En copa parada esgrime una cromática caoba oscura e intensa, con bonitos reflejos dorados apagados y un punto de color yodado, deslizando en la aproximación aromáticas iniciales recuerdos de frutos secos, dulce de membrillo, algunos suaves perfumes tostados, naranja escarchada, con un fondo que me ha recordado a frutas de navidad, dátiles y orejones. En todo caso su densidad aromática expresa equilibrio, con un punto de dulzor que aparece bien contrastado, sin reflejar empalago.
La boca tiene la virtud de la frescura, algo que siempre agradezco cuando estoy delante de un vino dulce, acidez media pero bien prolongada en el avance, untuosidad, la traza glicérica acaricia el paladar, se muestra consistente y poco pesada. Es un PX bien armado, que tiene una buena persistencia, en donde la pasificación se muestra sugerente y nunca insolente.
Retronasal que anuncia memoria de ciruelas pasas, algunos dátiles y orejones, con un plano de compota navideña, frutos secos y membrillo, con alguna suavidad floral, y una seña que me ha evocado al tradicional flan de caramelo.
Es un vino con buena estructura, afinado y balance.
Lo califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.



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