miércoles, 10 de diciembre de 2014

Bodega Del Monge-Garbati El Laberinto de Viña Ane 2011.




De nuevo mi agradecimiento para Eduardo y Lorena, propietarios de esta bodega sonserrana, por su desinteresada entrega en mano varias muestras de sus referencias principales, al objeto de mi cata y análisis personal. Hoy hablamos de este El Laberinto de Viña Ane, un vino tinto peculiar, desde que su fruta nace en el viñedo. Y lo es por su personalidad en cata, pero también debido a su origen, ya que la fruta de la casta tempranillo vendimiada a fin de su elaboración, surge de cepas falsas, una rara avis de la cultura vitivinícola que Eduardo Monge Aparicio defiende y mima con una pasión que escapa de su oratoria y hasta de su mirada.
Cuando uno afirma a menudo que en este universo fascinante nunca se termina de aprender, es por algo, amigo lector. Confieso mi desconocimiento sobre la existencia de este tipo de cepas, hasta que mis pasos me condujeron hasta esta bodega de la Sonsierra riojana. Y fue allí, junto a Eduardo, cuando mi día y mis horas de aprendizaje comenzaron, sobre todo cuando este enólogo, hombre de vino; me explico que las cepas falsas de tempranillo tardaron algunas cosechas en florar y ligar sus granos y racimos, y que desde la vendimia 2009 comenzaron a hacerlo para gozo y disfrute de esta bodega y de todos los que podemos llegar a catar y degustar El Laberinto de Viña Ane.
Cepas falsas, no traidoras, una especie de tesoro sonserrano, que localizadas en la finca, propiedad de la bodega; denominada Valseca, con suelos de composición arcillo calcárea, aportan granos menudos pero con una genial concentración de fruta, lo que da al vino un perfil magnificado, sereno en las formas e intenso en el fondo.
Tras una selección manual, de procede con el despalillado y varios remontados y bazuqueos, enmarcada una fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, diez días, y una maceración que se prolonga durante cinco jornadas. Descube a barricas de roble francés donde permanece para su maduración durante un periodo de dieciseis meses.
Conversando con Eduardo me plantea el hecho de que es un vino al que cada persona que lo prueba le saca un perfil diferente, que incluso ha habido quien a ciegas lo ha diferenciado del tempranillo, y esto, unido a mi habitual deseo por aprender y esa pizca innata de curiosidad, hace que lo vea como un mirlo dentro de un grupo de gorriones, ó como una cebolla silvestre dentro de un manojo de cebolletas comunes.
En copa parada manifiesta un color apicotado intenso con reflejos violáceos, buena estética en cuanto a densidad y concentración, aportando en su aproximación olfativa recuerdos de fruta roja madura y ligeramente sazonada, con algunas notas de licorosidad que se amplifican a medida que movemos la copa, deslizando a continuación algunas esencias florales y silvestres, con apunte balsámico más prolongado, que llega hasta el final y redondea el perfume. Tiene recuerdos de mineralidad, que afronta matices de terrosidad y salinidad, con un sugerente matiz que me atrapa y que evoca notas que identifico como pizarrosas y de roca húmeda.
La boca se perfila sabrosa, con un buen despliegue de fruta, acidez media alta, con unos taninos amplios, amables y marcados. Buen grado de persistencia, el vino abraza paladar y boca, y se extiende con una viveza digna de elogio. Retronasal que habla de fruta roja madura y acompotada, suaves guiños de flores rojas y violetas, con un punto silvestre, casi boscoso diría yo; desfilando y al final el golpe de regaliz, matiz balsámico; y una rotunda expresión de terruño que encandila nuestros sentidos. Fruta sonserrana, y de las cepas falsas surge el alma del vino verdadera. No se puede pedir más, amigo Eduardo. Califico El Laberinto de Viña Ane en edición de añada 2011 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Para mi no es comparable con ningún otro vino de Rioja. Sencillamente es único y testimonial.


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