miércoles, 17 de diciembre de 2014

Abadía de Gomariz Colleita 2010.




Mi agradecimiento a los responsables de esta bodega de la viticultura sostible, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, término este que al parecer, a algún listopan de los muchos que pululan por internet y que presume de saber mucho de vino le hace mucha gracia, tanta que se permite el lujo de faltar al respeto de mis colaboradores y lectores, y al mio propio con habituales comentarios faltos de gracia que suele vomitar en las redes sociales, más concretamente en Twitter. Se ve que para algunos la falta de respeto a los demás esconde idéntica falla hacia si mismo, y prefieren escupir al frente antes que mirarse al espejo que a buen seguro reproduciría sus complejos y manipuladores intereses.
Decía mi difunta abuela aquello de "ladran, luego cabalgamos", que por error algunos atribuyen en primera instancia a Don Quijote y que sin embargo no corresponde con parte alguna de la genial obra de Miguel de Cervantes y sí a una parte del poema Labrador, escrito por Goethe en 1808.
Y seguiré cabalgando pese a ladridos y rebuznos, descuiden ustedes.
La cosecha 2010 de este vino tinto de Abadía de Gomariz responde a una conjunción varietal de sousón, brancellao, ferrol y mencía, acreditando una maduración de doce meses en barricas de madera de roble francés y americano. Los frutos se vendimian en parcelas expuestas a sur y oeste, asentadas sobre suelos de composición arcillosa y granítica y localizadas en el valle del río Avia.
Varietales autóctonas que en copa parada ofrecen un color apicotado de buena intensidad con reflejos violáceos, nariz fresca que amanece con recuerdos de fruta roja madura, ligero asomo floral que arma una continuación tostada, no muy intensa, seña cafetera muy sugerente.
La boca expresa en el arranque un punto goloso y fresco, estirando una traza de acidez y una textura de buena densidad, amplificando la expresión del vino con unos taninos sabrosos, golosos y marcados, afirmando en el final buena seña de persistencia.
La fruta impera en todos los momentos de la cata y se afianza con mayor intensidad, si cabe; en la retronasal, abriendo una puerta a memorias de cerezas, frambuesas y grosellas, algunos pétalos de rosas rojas y una nítida huella balsámica, que en nariz no parece destacar.
Final con tostados y torrefactos, que redondean la descripción frutosa y que amplían el trote del vino.
Lo califico, lleno de viveza, como muy recomendable.

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