miércoles, 19 de noviembre de 2014

Vino y Gastronomía : Bodegas Paco García Seis 2013 en Mesón Jabugo - Logroño (La Rioja).








Es siempre un placer visitar establecimientos como el Mesón Jabugo de Logroño, localizado en el número uno de la calle Alfonso VI, y regentado por el siempre afable Victorino Galilea. Y lo es porque además de un servicio impecable, cuenta con una materia prima de esas que sirven de mil amores a la plena satisfacción de los comensales.
Ampliado recientemente, Mesón Jabugo ofrece a los amantes del buen vino de Rioja, una amplia selección de referencias, algunas de las cuales se dispensan por copa, circunstancia esta que siempre es de agradecer por quienes disfrutamos cambiando de vino en plena comida ó cena, catando y probando novedades de añada, y gozando con los contrastes que entre plato y plato concede un vino joven y un crianza.
El pasado lunes acudí al mesón, con motivo de una comida de trabajo, acompañado por un cliente valenciano, que supo apreciar las virtudes culinarias de los fogones de este restaurante logroñés.
Para acompañar la comida, opté por un Paco García Seis, en edición de añada 2013, vino tinto joven, monovarietal de tempranillo que acredita una maduración de seis meses en barricas de madera seminueva de roble francés, elaborado con fruta vendimiada en una parcela propiedad de la bodega, localizada a poco más de quinientos metros de altitud, asentada en suelos de composición arcillo calcárea. Un sabroso vino, con paso ligero pero marcado, la fruta siempre protagonista a lo largo y ancho de la cata y degustación, ideal para acompañar una comida y desplegando una muy buena condición de frescura. Viveza, con el punto procedente de la madera marcado, pero siempre como escolta de la fruta, que en la fase aromática presume mediante recuerdos de fruta roja madura, con segunda instancia que abastece los sentidos de memoranzas especiadas finas y balsámicos.
La boca se inicia con una jovial y golosa nota de fruta, con la traza de acidez desplegada con buena condición, sustancia sin exceso de concentración, y sin embargo bien envolvente. Juega con el paladar, con unos taninos golosos y pulidos, y una persistencia media alta. La retronasal aventura recuerdos de ciruelas rojas, cerezas, frambuesas y fresones, dejando en un segundo plano evocaciones de vainilla, flores rojas y violeta, con un final en donde el balsámico regaliz y un punto confitado alargan sus sensaciones.
Una magnífica añada del Seis de Paco García, que califico entre muy recomendable y más que muy recomedable.
En cuanto a los emplatados de Victorino y su equipo sólo puedo reflejar que la materia prima resultó, ya lo dije al inicio; colosal. Un arroz de la Albufera con crema de trompetas de la muerte, al horno, celestial, con un punto de sustancia en plenitud de condición, el grano en buena textura y punto, rompiendo el molde con el tenedor y captando en boca el mensaje del chef, aportes cárnicos que complementan el cereal, y una profusión más que digna de las craterellus cornucopioides, micológico regalo para el paladar que en este plato engalana al arroz de la Albufera y que además aporta al plato, con ese tono cromático un tanto luctuoso, una peculiar presencia muy estimable.
Del arroz de la Albufera cabe añadir que se trata en realidad de un privilegiado cruce entre las variedades Bomba y Senia, grano redondo, con textura consistente y cierto crecimiento tras la cocción, porcentaje elevado en componente de amilosa, y buena capacidad de absorción de los sabores procedentes de su cocinado, caldos y sofritos.
Un plato estrella que en Mesón Jabugo adquiere placenteras cotas culinarias.
En los segundos, un untuoso bacalao al pil pil, con la salsa bien enlazada, acompañando a unos lomos resueltos y lozanos, orgullo marinero, y unos chipirones plancha con gambones, sencillos pero con la buena calidad presidiendo su exhibición.
Y en postre, una buena representación de La Rioja, un requesón camerano con miel de Ocón y almendras laminadas, contraste, sabor y golosa sensación de melosidad. Uno de esos postres que siempre que voy a Mesón Jabugo me encanta pedir, y que homenajea a los esforzados productores y elaboradores de la región de los siete valles.
En fin, a la cabeza, el comer la endereza, y en el logroñés Mesón Jabugo se cumple con creces en esa dirección.

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