viernes, 28 de noviembre de 2014

Bodegas La Cigarrera Amontillado.






Quiero agradecer a los responsables de esta bodega sanluqueña, y en especial a Priscilla Lozano, su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de esta muestra de su referencia amontillada, siendo para mi, algo que ya es de sobre conocido por mis seguidores habituales; siempre un sincero honor catar y escribir de los vinos de la denominación de origen Jerez, ya que los considero un auténtico tesoro de nuestra cultura patria.
Nunca me cansaré de elogiar y defender a las bodegas de esta zona de España, y de maldecir una y otra vez la vergozante costumbre hispana de no valorar lo propio en la medida justa. ¿Qué pasaría si franceses, ingleses ó italianos pudieran gozar de los tesoros de Jerez?. Probablemente, sería otra historia. La cultura de la denominación de origen Jerez tiene en sí misma el valor del vino como expresión artística y legendaria, como fructífero apunte de literatura y hasta poesía, del Privilegio de los Bretones, del Amar, servir y esperar de Lope de Vega, de lonjas de pescado y olor a salitre, de círculos de artesanos y ateneos, de Civitates Orbis Terrarum, y de alumbrados públicos precursores.
Porque de Jerez surgieron y lo siguen haciendo a Dios gracias, grandes vinos, elegantes, procedentes de Criaderas y Soleras, que hacen de la varietal Palomino, un sutil reclamo al buen gusto.
Es este amontillado de La Cigarrera, un claro ejemplo de ello. Bodega que en realidad documenta su fundación en el año 1.891, tuvo su origen en un comerciante catalán, Josep Colom; afincado en Sanlúcar, que tomo a censo unos inmuebles localizados en el Callejón del Truco, propiedad de los Mercedarios Descalzos, donde inició en 1.758 sus fructíferos negocios de vino.
Desde esa fecha y con el fallecimiento del fundador en 1.791, son sus cinco hijos quienes tiran del carro, ampliando el negocio familiar.
Ya en el mencionado año de 1.891 fue Manuel Hidalgo Colom, descendiente del fundador, quien lanza al mercado la primera manzanilla apodada "La Cigarrera".
Con el paso de los años, y tras varias generaciones administrando el dominio, hoy en día son los hermanos Hidalgo García de Velasco quienes llevan el mando de la bodega, siendo la novena generación al frente de esta histórica bodega sanluqueña.
Este amontillado se elabora con mostos fermentados de la varietal palomino, con doble crianza, la primera biológica bajo velo de flor, y la segunda con crianza oxidativa, que termina con la flor biológica y provoca la reacción del oxígeno.
Maduración de seis años en barricas de madera de roble americano, mediante el sistema de soleras y criaderas.
En copa parada muestra un elegante color ambarino con brillo, algunos reflejos más marcados, deslizando en la fase aromática un buen tono de frutos secos, avanzando en un lineal de fragancias salinas y de barnices, fina ebanistería, con una sensación de caramelo tostado. En segundas aproximaciones el perfume tiene una derivación más fortalecida en cuanto a avellanas, salinidad y madera.
La boca es intensa, con buen equilibrio de sequedad en el avance, el vino se muestra orgulloso y galante como un gentleman con batín de terciopelo y camisa con chorreras, enfoca un buen tono de acidez, con largura en su expresión, envolvencia y untuosidad. La madera aparece definida, sin excesos, con el reclamo de la bendita madurez, que no ancianidad.
Prende en la retronasal una balanza magnífica de evocaciones a frutos secos, madera fina, caramelo y el fondo sugerente de la salinidad que algunos vinos de Jerez llevan hasta la mayor cota expresiva de gloria. Por momentos diría estar en el Corral de Merlín, azuzado por el viento del Atlántico, y suavizado por la memoria gentil de estos estupendos descriptores.
Llena la boca, la mece, y hasta por momentos logra hipnotizarla.
Muy apacible estructura.
Lo califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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