domingo, 23 de noviembre de 2014

Bodegas Compañón Arrieta Malaspiedras 2013.




Comienzo esta entrada dando las gracias a Itxaso y Gorka por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante la entrega en mano de dos muestras de este nuevo hijo de sus viñedos, el tinto Malaspiedras, que en edición de añada 2013 he tenido el gusto de catar en privado, a solas; y compartido con un pequeño grupo de buenos amigos, fascinados como quien estas lineas escribe, por el fascinante universo de esta cultura del viñedo, la viña, la bodega y el vino.
Es desde luego, siempre, un honor ver crecer a jovenes vitivinicultores, cargados de entusiasmo, capaces de aguantar el pulso, siempre ineludible; del mercado, que comienzan vendimiando y elaborando a pequeña escala y van subiendo los peldaños de la escalera con vinos sinceros, francos, en donde la personalidad varietal sobresale por encima de cualquier otra condición.
Itxaso y Gorka, a quienes conocí hace algunos años, cuando lanzaron al mercado su maceración carbónica Herrigoia, forman parte de ese clan, en donde la labor de campo, el meticuloso aunque espontáneo esfuerzo personal, navegan contra viento y marea para lograr elaboraciones en donde esa pasión prevalece y en las que la fruta llega plena de carácter.
De nuevo la pasión se nota en el resultado de un trabajo efectuado con ella, mediante ella y por ella.
Puedo asegurar que este Malaspiedras 2013 ha encandilado a todos los que lo hemos catado, primero a mi grupo de buenos amigos, después, ya en privado; a mi mismo.
Reza su etiqueta : "Hay cepas que hunden sus raíces en piedra en vez de en tierra, pequeños viñedos que nuestros abuelos no tuvieron más remedio que plantar sobre auténticos pedregales, viejas parcelas duras de trabajar...", y ello en primer lugar me recuerda una de las primarias conversaciones con mi buen amigo Jordi Melendo, que siempre ha valorado la fuerza de las raíces de la viña, capaces de atravesar rocas, piedras, e ir absorbiendo mineral, sustancia, transmitiendo después al resultado, a través de la fruta madre, las condiciones y los descriptores que algunos incrédulos siempre quieren poner en duda, como si los catadores y escritores de vino prendieramos mediante nuestra ilimitada imaginación literaria, una llama entre farsante y esnobista.
Me cuenta después Gorka, que en el Malaspiedras 2013 hay una proporción peculiar de uva tempranillo, noventa y nueve con nueve por ciento; con un pequeño aporte de viura y una cepa de garnacha, siendo esta un repentino descubrimiento que la joven pareja realizó durante una de sus caminatas por sus parcelas. Esa cepa de garnacha aporta una simbólica minimalista proporción al vino, algo así como un homenaje de Compañón Arrieta a sus ancestros.
Fruta procedente de las parcelas El Plano, Balondo, Vasconegro y El Anagorio, todas ellas pertenecientes al termino municipal de Lanciego, en pleno corazón de la Rioja Alavesa, a una altitud media de quinientos sesenta metros sobre el nivel del mar.
Agricultura ecológica, con tratamiento individual de cada parcelación, vendimia manual, fermentación alcohólica mediando levaduras autóctonas y maduración sobre lías finas en barricas de quinientos litros de madera de roble francés, americano y húngaro, con battonage regulares.
El corto proceso de crianza hace que el vino se muestre equilibrado, con la fruta sobresaliendo, mostrando una lozanía insolente, dibujando en copa parada una cromática apicotada intensa con buenos reflejos violáceos. Aventura en nariz recuerdos de fruta roja y negra maduras, suavemente acompotados, siguiendo con apuntes balsámicos en media medida de fragancia, hay algún punto fino especiado, finalizando con sugerente perfume de mineralidad. Si un vino cuyas raíces presumen orgullosas de percutir en fondos pedregosos no asoma descriptores aromáticos de mineralidad, ninguno lo hará, creánme.
La boca es pulposa, sabrosa, deslizando una buena racha de fruta, franqueza varietal indiscutible, amplitud en el avance, con la fruta amplificada cuando el vino alcanza el paladar, trato amable en su progreso por boca, buena envolvencia y magna seña de extracción.
Taninos golosos y marcados, con buena viveza, asegurando en la retronasal memorias de cerezas, fresas de mata, moras, algunos guiños ahumados y lácticos, más evidentes que en la fase aromática, despertando semejante huella balsámica que en nariz, y apuntalando al final ese sabroso epílogo de mineralidad y sapidez.
Muy buena prolongación, la boca se llena de fruta.
Lo califico en esta añada 2013 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Malas piedras, buenos vinos...

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