sábado, 8 de noviembre de 2014

Bodega Bohedal Gran Bohedal Crianza 2011 y Reserva 2009.





Hay bodegas y familias que suponen, para quien lleva ya más de siete años dedicando parte de su tiempo y sus fuerzas a este fascinante mundo de la divulgación de la cultura vitivinícola, un interesante añadido, no sólo por la pasión que transmiten cada vez que cruzo el umbral de la puerta misma del dominio vitivinícola en concreto, sino por comprobar in situ como las cosas van evolucionando, progresando, ganando en referencias y consolidando su indudable personalidad, por encima de simples intereses comerciales ó altanerías ilusorias.
Es el caso de la familia Tejada, Leire y sus padres, que armados de una tradición en la elaboración de buenos vinos de Rioja, esgrimen con orgullo el estandarte de la pasión por el viñedo, el vino y la bodega. Se nota, no pasa desapercibida esa pasión, lo pueden creer. Uno, ya acostumbrado a visitar bodegas de toda índole y perfil, ha aprendido a distinguir cuando ese plus de pasión florece de un modo natural, espontáneo, sin florituras innecesarias.
Mantener con Leire Tejada una conversación sobre vino, sobre el presente y el futuro del sector, mientras se catan las novedades que Bohedal presenta en el mercado, es un lujo, una de esas experiencias de las que se aprende a compartir ideas y opiniones, a valorar el trabajo y el esfuerzo, la ilusión y la responsabilidad  de bodegueros capaces de transmitirnos la identidad de una tierra como es Rioja, llena de sensaciones, colores y varietales.
Durante mi muy reciente visita a Bohedal pude catar varias de las referencias que esta bodega de Rioja Alta defiende en presente, en el mercado.
Primero este Gran Bohedal Crianza 2011, casi catado en primeur, con la botella limpia, aún sin firmar con la correspondiente etiqueta, sucesor de la añada 2010 que figura en una entrada de este blog fechada el 24 de Abril de 2014.
Tempranillo con un crédito de maduración de doce meses en barricas de madera de roble rumano, americano y francés, color lozano en copa parada, apicotado intenso con reflejos violáceos, buena capa, condición aromática que recrea buenas sensaciones de fruta roja madura, guiño de sazonado, muy finos recuerdos especiados, algunos matices balsámicos que se dejan armonizar en fragancia por una magnífica sensación de frescura.
La fruta dominando en el arranque, estupenda traza de acidez, prolongada y resplandeciente en cuanto a frescura, demuestra su lozanía, viveza ante todo, primavera vinosa, buen paladar, con un punto suave de astringencia, que irá domando su carácter, con unos taninos golosos y fundentes, marcando una retronasal que habla de ciruelas y cerezas rojas, vainilla ligera, algunas evocaciones de pétalos de flores rojas. En esta fase retronasal advierto con mayor claridad que el vino aún demuestra un perfil de juvenil personalidad, que requiere un tiempo más adicional en botella, pero que en su versión, llamémosla primeur, expresa mediante un presente esbelto y de buena fruta, un futuro más que prometedor. Lo califico en avance como muy recomendable, podrá ganar más enteros con algunos meses más de clausura en botella.
En lo que respecta al Gran Bohedal Reserva 2009, es un tempranillo con un tiempo aproximado de maduración en barricas de madera de roble francés y americano de veinte meses, muy emblemático en sus expresiones aromáticas y gustativas en cuanto a su condición varietal, amplio en su discurso vinoso, buena estampa en copa parada, con una cromática apicotada de buena intensidad, reflejos púrpureos, sensación óptica de pureza. Nariz con buen equilibrio aromático, la fruta roja madura con señas de mucha personalidad, tiene recuerdos en segunda instancia que acreditan memorias balsámicas, lácticas, florales y golosas. Evidencia, al igual que su hermano menor, el crianza; un punto de juvenil carácter, llama a un tiempo más de progresión en botella, aunque a diferencia del crianza 2011, lo considero más que apto para resultar plenamente satisfactorio en su presente.
Hablamos de ello Leire y yo, y llegamos a la misma conclusión : mientras el crianza 2011 precisa ese plus añadido de tiempo en botella, el reserva 2009, aún precisándolo, es ya un vino que ofrece buena complejidad, buen equilibrio, una más que evidente condición frutosa y una perceptible personalidad propia. La boca es pulposa, sabrosa, hace salivar, llena en su avance, con la acidez bien marcada y prolongada, frescura en su caminar, amplio, con un punto de ducha de fruta que apunto en mi agenda del iphone sin dudas de ninguna clase. Tiene esa virtud, que no es única, ya que tras unos segundos de aireación y cuando bebo el último sorbo de la copa, aprecio como Leire sonríe cuando le digo que me ha dado un punto descriptor de regaliz de palo, balsámica identidad, sapidez y un fino guiño de golosa expresión frutal. Noto como las notas de la madera tañen la campana de la fruta madre, haciendo del vino un dechado de prolongación, retozando en el paladar, colmando la boca de sensaciones placenteras y logrando que este reserva en edición de añada 2009 me guíe hasta mi calificación final, que no es otra que entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Es un reserva de esos que recomiendo para guardar una botella, de esas que como le digo a Leire, olvido con premeditación y alevosía en mi vinoteca, esperando que tras el presente muy firme y frutoso, alcance un futuro no muy lejano lleno de contrastes entre fruta y madera, siempre con el presumible equilibrio.
Virtuosa expresión doble de tempranillo de Rioja, crianza y reserva, hermano pequeño y hermano mayor, muy buena fruta y aval evidente de todo lo que encierran los viñedos y las paredes de la bodega de Cuzcurrita, trabajo y pasión, ilusión por la viña, la fruta y la madera.
Agradezco como siempre a Leire y su familia la amabilidad anfitriona demostrada durante mi visita.
Me alegro un montón, de verdad, de ver crecer a Bodehal.

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