miércoles, 12 de noviembre de 2014

Bodega Bohedal Hebabe Garnacha 2012.



¿Qué me pasa cuando una garnacha lozana de Rioja se me planta delante?. La garnacha tiene ese aire goloso, crepitante, y muchas veces distinguido, que la convierten por derecho propio en una de mis varietales predilectas, tardía, llena de fuerza y vigor cuando cuelga de la vid, con su forma ovalada característica, fruto mediano y personalidad mediterránea por excelencia.
El Hebabe monovarietal de garnacha que Leire Tejada me presentó, en un paso más adelante de esta bodega de Cuzcurrita; acredita doce meses de maduración en barricas de madera de roble rumano, y cuando se pregunta por el motivo del uso de este tipo de madera, la afable vitivinicultora sonríe y me deja el detalle que yo ya conocía : el buen uso que en Bohedal se hace de las barricas, buscando mediante un seguimiento y varias catas cuál es el roble que mejor le va a cada añada y variedad.
Nada en Bohedal surge de una supuesta chistera vinosa, todo tiene un razonamiento y un esforzado control. Y lo digo no ya por diferenciar a quienes elaboran vinos con criterios de selección de los que no lo hacen, sino también por sugerir a mis lectores que ni todos los vinos son iguales, ni todos llevan detrás el mismo rigor y horas de trabajo.
En el caso de Bohedal puedo asegurar que desde la viña hasta la bodega, hay en todas sus referencias un constante desvelo por el continuado aprendizaje, una pasión por la uva y el vino, y ese aquel que busca reflejar la identidad de cada varietal y la fortaleza y elegancia equilibrada de cada coupage.
El Hebabe Garnacha 2012 engalana la copa con una cromática roja apicotada con reflejos purpúreos, preside en nariz una aromática centrada en la fruta relatando sensaciones de fragancia roja madura, chispeante y plena de viveza en el perfume, con algún punto de pétalos florales, campanilla que tañe con suavidad en cuanto a recuerdos balsámicos e incluso silvestres, finalizando con una muy fina estampa de ebanistería. Es evidente que la fidelidad varietal es una virtud en este Hebabe, y lo es también que el uso de la madera rumana no es caprichosa, ya que es, de todas; la que menos nubla la personalidad varietal de la fruta madre, en este caso la de la garnacha.
Abre la boca con una ferviente y golosa intensidad, de nuevo la uva se despliega con potencia, el vino presenta credenciales de jugosa pulposidad, con el aporte de la madera muy en segundo plano, diría que menos perceptible de los doce meses que acredita la estancia de cría en barricas; con una media sensación de acidez que desarrolla buena viveza y frescura. Crepita la garnacha en el avance, con buen punto de tanicidad, goloso y fino, franca seña de persistencia. De la sutileza del recorrido apuntamos hacia la fase retronasal que predica recuerdos de cerezas, me viene a la mente aquel infantil sabor del palote de fresa, con la fruta roja en buen grado de madurez, incluso y en esta fase aparecen memorias de frutos negros, aunque en menor intención; muy equilibrado en cuanto a los descriptores que aporta el roble rumano, con algún guiño de ebanistería e incluso suaves especiados simétricos entre sí, rematando con escorzos florales y balsámicos.
Sapidez como buen recurso final, con mucha y más que digna prolongación.
En una segunda cata, aparecen tanto en la fase aromática como en la retronasal, los frutos negros de los que antes hablaba con un punto más de presencia.
Vino amable, persistente y lleno de elegante sutileza.
¡Viva la fruta de Rioja!.
Lo califico en esta añada 2012 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Buena garnacha...

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