sábado, 11 de octubre de 2014

Vinos y Pinchos : Bar Los Victorinos - Zaragoza.











Una visita a Zaragoza requiere para quienes somos más ó menos creyentes; una visita a La Pilarica, buscando esa bendición que algunos interpretan de un modo y otros de cualquier otro. Tras acudir a la capital aragonesa en compañía de mi esposa y por motivos de trabajo, el premio culinario, antes del regreso a casa; tuvo al Bar Los Victorinos como centro espiritual de las artes y las ciencias relacionadas con la gastronomía.
Cercano a la Basílica del Pilar, este establecimiento refleja desde que atraviesas el umbral de su puerta, una sensación taurina que pronto queda atrapada por una barra de pinchos que se sale de lo corriente. Los nombres de las tapas, impresos en carteles a pie de plato; dan cuenta de una creatividad exquisita, atractiva para el más común de los visitantes que hasta allí se acercan.
Personalmente me decidí por tres : huevo escalfado en trufa blanca del Piamonte, colosal en su ejecución, con una sabrosa condición cremosa, amable en el contacto con el paladar, rebosante de aromática y ligero acompañamiento de pequeños trozos micológicos y porcinos. De esos platos en donde la cuchara rebosa felicidad. Boletus con trufa negra, apoteósico bocado en donde ambos ingredientes se unen para edificar un altar a Pantagruel y Gargantúa, enlazando texturas y aromas, meciendo nuestros sentidos primarios en una danza de sabores campestres que rememoran paisajes otoñales y bosques plagados de hojas secas y matorral.
Por último, la liebre emotiva, en un pincho que esgrime por los cuatro costados esa esencia cinegética y esa coplilla legendaria napoleónica que plasma la buena condición de la Liebre a la Royal del genial Prosper Montagne. Suculento manjar, sin lugar a dudas.
Para regar las tres sugerentes a la par que sabrosas creaciones de los propietarios de este local situado en el número seis de la calle José de la Hera, seleccioné el vino Care Tinto Roble en edición de añada 2012. Garnacha de Cariñena en conjunción con un aporte de la varietal syrah, acreditando una maduración de cuatro meses en barricas de madera de roble, sugiriendo sensaciones frutosas que combinan con el leve y elegante tono de la madera, equilibrado y amable en el paso por boca.
Dibuja en copa parada un color apicotado con algunos reflejos violaceos, dejando en la aproximación olfativa recuerdos de frutos rojos y negros maduros, complementados con algunas evocaciones tostadas y lácticas de menor intensidad. Tiene en una segunda lectura algunos puntos florales y balsámicos.
La boca es sabrosa en el arranque, con buena traza de acidez que despliega frescura, llegando a unos taninos golosos y pulidos. Franco en su persistencia, motivando en la retronasal memoria de cerezas y moras, con menor aporte de descriptores procedentes de la madera que los aportados en la vía aromática. Un vino fácil de beber, que califico en esta añada 2012 como muy recomendable.
En fin, antes cerrar este capítulo del blog, sólo me resta recomendar Los Victorinos a mis lectores habituales. Su paso por este local de Zaragoza, creánme; no les dejará indiferentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario