martes, 14 de octubre de 2014

Domaine Méo-Camuzet Bourgogne Clos Saint-Philibert Blanc Hautes Côtes de Nuits 2011.



Suelo afirmar que en Francia hay vinos blancos de Borgoña que encienden una mecha de placer según te acercas a ellos. Si además el vino blanco pertenece a la legendaria bodega que el parlamentario francés Éttiene Camuzet fundó a principios del siglo veinte tras una mimosa selección personal de viñedos, las posibilidades reales de dar con uno de esos emotivos vinos se amplia.
Catar un vino blanco de Borgoña cuando aún es un bebé que no levanta ni medio palmo del suelo tiene su riesgo. Riesgo que hay que enfrentar con la capacidad de perspectiva que demuestre el catador. Infanticidio vinoso ó no, el caso es que durante una ya pasada feria a la que acudí, tuve la fortuna de enfrentarme con un vino blanco sabroso, potente, amplio, longitudinal, no excesivo en cuanto a descriptores, pero locuaz, fresco y mineral.
Una chardonnay inmensa, placentera, en donde acidez y golosa fruta se unen para elevar un canto al viñedo de Clos Saint-Philibert, aumentado en elocuencia con una pequeña aportación de la pinot blanc surgida de la misma parcela.
Un viñedo en cierta altura, sobre los cuatrocientos cincuenta metros de altitud; que sirve a la perfección para que las castas blancas adquieran toda su personalidad y finura.
Diría que es un vino en el que incluso se nota el trabajo de battonage, ello aún y pidiendo excusas por mi osadía ya que no soy enólogo ni lo pretendo. Pero es que demuestra una forma física y espiritual envidiable, exhibiendo en copa parada un cromatismo amarillo pajizo con algunos reflejos acerados y tímidamente verdosos. La aromática se muestra frutal desde el comienzo, con guiños cítricos y tropicales, estos más finos; algunas memorias de frutos secos, fondo balsámico y láctico, con el final plantando en suelo la bandera de la mineralidad, perfume de piedra húmeda.
La boca se abre sustanciosa, fruta por los cuatro costados, con una longitudinal traza de acidez, plena frescura, en el paladar se muestra rotundo en vigor y viveza, envolvente y persistente.
Retronasal que abunda en recuerdos de ciruelas claudia, piña y cítricos, resinas, nuez y piñones; finalizando con una gloriosa nota de sapidez y mineralidad.
Grandioso ya siendo un niño, cuando alcance la madurez será excelente.
Vino borgoñés de los de guarda.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable, por su estructura y su personalidad.

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