miércoles, 15 de octubre de 2014

Concha y Toro Carmín de Peumo Carmenere 2008.



Otro rescate de la agenda de mi iphone, de esos vinos que uno va catando por las ferias del mundo y que por un motivo u otro terminan traspapelados.
Se trata de un vino tinto chileno que acomoda una proporción mayoritaria de la casta carmenere, con pequeños aportes de cabernet sauvignon y cabernet franc, acreditando una maduración de diecisiete meses en barricas de madera de roble francés de grano fino. Tiempo adicional de doce meses más, antes de su salida al mercado.
Vino denominado iconográfico por los responsables de esta bodega y por su enólogo responsable, Ignacio Recabarren, que exhibe en copa parada un color apicotado intenso con algunos reflejos violáceos, dejando en su aproximación nasal matices fragantes de fruta roja y negra maduras, seña ligeramente confitada, aportando en segunda instancia algunas señas balsámicas y lácticas, estas menos intensas que aquellas. Hay un final de perfume que en clave de cacao redondea su descripción.
La boca es amplia, jugosa desde el arranque, con punta de vinosidad y concentración frutal, equilibrado en cuanto a golosidad y acidez, despliega una buena racha de frescura, apuntando unos taninos golosos, marcados y ampulosos. Buena persistencia, con una retronasal que me envía evocaciones de ciruelas, cerezas y arándanos, refulgente seña floral roja y un guiño balsámico que se recrea y que extiende la intensidad del vino durante la parte final de la cata.
Finaliza con sensaciones de cacao, y una insinuación de sapidez, esta no demasiado marcada.
Del viñedo de Peumo, localizado en la zona donde los mapuche escribieron su historia, con el cerro Culechén en torno; surgen uvas recias, sanas y llenas de sustancia, para elaborar vinos como el presente, cargado de personalidad.
Lo califico en esta añada 2008, entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Por cierto, y pese a la fama de vinos verdes, herbáceos y pimentoneros que suelen tener aquellos elaborados en base a la carmenere, en este caso, nada de nada. Muy buen trabajo de campo y bodega, amigo Recabarren...

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