viernes, 26 de septiembre de 2014

Les Clos Perdus Le Rouge 2012.



Una muestra más de las enviadas de modo desinteresado por los hacedores de vino Paul Old y Hugo Stewart, desde el corazón mismo del Languedoc francés.
La leyenda de Les Clos Perdus, los viñedos perdidos; se basa en el afán de estos dos hombres de vino por encontrar parcelas de viñedo dejadas de las manos de Dios, perdidas y recuperadas por ellos para mayor gloria de quienes disfrutamos buceando en la cultura vitivinícola.
El caso que nos ocupa hoy se centra en esta edición de añada 2012 de Le Rouge, algo así como el vino tinto básico del dominio, fundamentado en una fusión varietal con la garnacha como base mayoritaria, al noventa por ciento; dejando la parte restante para una mezcla de otras varietales, entre las que se encuentra la mourvedre.
Un vino fácil, lozano, fresco, con el alcohol bien integrado en el conjunto, dando alguna nota de calidez y licorosidad durante el alcance del paladar, gustoso, marcando bien la personalidad de la garnacha y acreditando un sabroso punto de maduración de la fruta madre.
Presencia en copa parada que pincela un cromatismo apicotado de buena intensidad, con estéticos reflejos violáceos e insinuaciones purpúreas. Nariz que desliza un buen perfume de fruta roja y negra, maduras y ligeramente licorosas, memoria de pétalos florales rojos, con un fondo silvestre y balsámico bien marcado en cuanto a intensidad de fragancia.
Arranca con jugosidad, la fruta bien representada, se deja notar la garnacha con un punto de dulzor bien desplegado, taninos finos y pulidos, no demasiado marcados; media alta persistencia, dejando escapar en la vía retronasal recuerdos de bayas silvestres y cerezas, matices florales que desembocan en un apunte de matorral de monte bajo y sapidez que prolonga las sensaciones.
Tiene personalidad y a ciegas podría descubrir la enseña de esa garnacha del Languedoc que con su indudable presencia avala la profundidad de este gran vino. No me cabe duda, y lo digo con humildad de catador, que estamos delante de unos frutos de garnacha especiales, tal vez sugeridos por una buena exposición cardinal del viñedo y cierta altura.
Un vino, al que la ausencia total de madera, le confiere una apabullante naturalidad expresiva.
Lo califico en esta añada 2012 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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