domingo, 21 de septiembre de 2014

Champagne Barnaut Brut Millésime 2000.


¿Qué quieren que les diga?. Está bien descorchar un champaña y saborear la frescura de la chardonnay, esa lozanía que retoza en la boca, esos aromas juveniles en donde la seña cítrica y algunos detalles de levadura, flores y pastelería se entonan para afrontar la melodía chispeante que llega al corazón, sobre todo cuando el estival calor aprieta. Los champañas jovenes llenan el espíritu de viveza, hidratan y te introducen en el mar de los sargazos de la felicidad.
Y sin embargo, de cuando en cuando; y aunque me consta que no son champañas que lleguen y llenen a todo el público, descorchar un brut millésime de una añada pretérita como es la del año 2000, te envía al otro lado, a ese mundo de descriptores aromáticos y gustativos, pleno de contenido y condición, en donde el análisis del continente en copa, es algo más que un objeto de deseo, es toda una declaración de intenciones.
Algo así me ocurrió cuando en compañía de mis buenos amigos del veraneo jarrero, decidí dejarme llevar por este Barnaut de Bouzy, un escandaloso regreso al pasado, una fuerza de la naturaleza vinosa, uno de esos recursos que sirven para homenajear la reflexión de chimenea, como cualquier vieja añada de Rioja, ó uno de esos Oportos sensuales y placenteros.
Conjunción varietal paritaria de chardonnay y pinot noir, con la personalidad de la Montagne de Reims impresa en cada uno de los minutos que dura la cata, alma de grandes frutos; con un color amarillo dorado, reflejos de oro viejo; buena proyección de burbuja fina, ajustando en su aproximación nasal recuerdos de ciruelas y membrillo, algunos atisbos de fruta acompotada, con hinojo y anisados en segundo plano, dejando deslizar evocaciones ahumadas y de caramelo, manzana reineta asada con algún aporte meloso, y en el final un destello de fina mineralidad que equilibra el perfume y le da gloria divina.
La boca es elegante, gallarda; con una entrada en donde hay voluptuosidad frutal, marcando con la traza de acidez la frescura del champaña, emotiva envolvencia, con paso graso y untuoso, dando en la retronasal recuerdos de frutas acompotadas, algunas flores, hinojo, melosidad y un detalle ahumado muy ligero, para desembocar ya al final en una sensación de terrosidad y salinidad que prolonga la expresión y nos conduce hacia la gloria.
En resumen, una delicia. Lo califico en esta añada 2000 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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