domingo, 28 de septiembre de 2014

Bodegas Carlos Serres Reserva Especial Cosecha 1960.




Una vieja añada de Rioja más de las catadas en compañía de mi buen amigo, el enólogo Jesús Madrazo. En este caso un reserva especial de la cosecha 1960, que en Carlos Serres se elaboraban al tiempo que aquellos benditos Carlomagnos, tan aplaudidos en su apertura presente.
Aunque no he sido capaz de dar con la condición varietal de este vino, es evidente que no andará muy lejos de una base mayoritaria de tempranillo, tal vez con algún aporte menor de otras varietales tintas de Rioja Alta.
Es un vino sincero, nada rebuscado; con cierto manejo de condición, pero sin apoteosis descriptivas.
Una cromática, que en copa parada se desnuda delante de nuestros ojos con tonos rubídeos y amarronados, dejando reflejos teja en segunda contemplación. La nariz comienza oclusa, con algún recuerdo de humedad, de apuntes micológicos, balbuceando fragancia de fruta roja licorosa en cuanto pasan unos minutos. Hay sensaciones de cuero usado, de flores marchitas, de hojas de tabaco, de matorral silvestre, de cuadra limpia. En cualquier caso, tiene un perfil de vieja añada de Rioja, agradable en cuanto a proximidad nasal.
La boca palpita desde el comienzo con una guía que parece que desea acreditar vejez, ancianidad, punto de oxidación, robustez en el fondo, tiene por boca un periplo complicado, que gusta a algunos de los presentes y no tanto a otros. Conserva una traza de viveza, para mi el vino aún respira si bien admito alguna brusquedad, sobre todo cuando alcanza el paladar.
Esa rudeza no es sintoma de contradición respecto a la gloriosa inscripción de la etiqueta Fino Extra, sino que antes bien imprime, a mi juicio; una clave respecto a la condición del tempranillo envejecido e incluso a mi, me da la clave de que tal vez en este vino de la cosecha 1960 haya más fruta de tempranillo de lo que creí en un primer momento, antes de comenzar la cata. ¿Monovarietal?.
Me dicen que no, que a buen seguro lleva alguna parte, al menos; de garnacha.
Es amplio y potente, y en esa rudeza, antes mencionada; se esconde una tal vez extinguida potencia, que hoy aparece, aunque algo claudicante.
La vía retronasal muestra círculos emocionantes de fruta roja licorosa, guindas y ciruelas pasas; con más apoteosis de flores marchitas, péndulo silvestre que se mueve desafiante entre las tierras hermanas de la cuadra limpia y el cuero animal, y un punto de tocador vetusto, de barnices y alcanfor, fondo de armario, baúl de los recuerdos.
Un final que esgrime evocaciones de terrosidad, aunque de menor intensidad.
Una añada emocionante para analizar con paciencia y calma, que a buen seguro, en proporción a los minutos de reflexión y contemplación que se utilicen; dará mayor gloria al vino y menor a quienes confunden rudeza con anciana potencia.
Lo califico en esta botella y en la añada 1960, entre recomendable y muy recomendable.
Monsieur Charles estaría orgulloso...

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