viernes, 12 de septiembre de 2014

Bodega Gorka Izaguirre Txakoli 2013.



Mi cordial agradecimiento a los responsables de esta bodega vizcaína, localizada para más señas en un municipio que me llega muy adentro, por ser cuna de mi aitite materno y por ello estar muy presente en mi existencia y en mi corazón. Su colaboración mediante el envío de varias muestras de sus principales referencias me sirve para valorar con cata personal un txakolí de Bizkaia, esos vinos blancos que tanto han progresado en los últimos tiempos, para gozo y disfrute de quienes disfrutamos buceando con pasión en nuevas propuestas, varietales menos conocidas que las mayoritarias y en vinos blancos armados de personalidad, que atesoran a sus espaldas la intuición de un trabajo serio y efectivo.
Tío del cocinero Eneko Atxa, Gorka Izaguirre propugna aupar y recuperar las varietales autóctonas Ondarribi Zuri y Ondarribi Zuri Zerratia, con cuarenta hectáreas de viñedo en propiedad, distribuídas por seis municipios de la geografía de Bizkaia.
Para el txakolí que nos ocupa en el presente entrada se han usado frutos vendimiados en poco más de veinte hectáreas, con elaboración diferenciada en función de cada característica del viñedo elegido. Proporción paritaria de las dos variedades mencionadas, con primaria criomaceración pre fermentativa, a la que sucede un prensado suave y una clarificación natural, con fermentación del mosto bajo control de temperatura, durante un periodo de veinte días. Finalizado este proceso, una parte se madura sobre lías propias durante tres meses, para después proceder al embotellado.
En copa parada se ha mostrado con un color amarillo pálido con algunos reflejos verdosos y acerados, pasando en nariz con recuerdos aromáticos que promulgan sensaciones cítricas, buen punto de fruta, nota de complejidad que en segunda instancia marca memoria olfativa floral y algún detalle balsámico que redondea el perfume.
Equilibrio en boca, danzando durante su avance con un buen destello de frescura, acidez de traza media alta, no percutora, desplegando todos los tonos frutales y amparando al paladar, que se muestra agradecido. Nota de textura untuosa, y ese sugerente sentido balsámico desplegado en la fase olfativa que aporta en el final una prolongada e integrada punta de amargor que resulta muy agradable.
Hay recuerdos de ciruelas claudia, manzana verde y pomelo, con huellas de hinojo y flores blancas y amarillas en la segunda parte, apuntalando en el epílogo recuerdos que, a mi juicio; manifiestan suaves resinas de pino, puede que incluso, aunque en perfil simple e insinuante, eucalipto.
Un vino que me ha gustado y que califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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