martes, 12 de agosto de 2014

Gastronomía : Botillo del Bierzo.






Mi agradecimiento a los responsables de la empresa Cerezas del Bierzo por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura gastronómica, mediante el envío de una sabrosa y oronda muestra del legendario y muy berciano botillo.
Aprovecho la oportunidad para, mediante un breve inciso; dejar claro que todas las muestras de productos de alimentación que voy recibiendo, siempre de modo desinteresado por ambas partes; tarde ó temprano aparecen publicadas en este blog, a veces más tarde de lo deseado por mi, pero pido comprensión y paciencia, ya que tanto tiempo como espacio son limitados y uno no da para más, que no es poco, ya que acredito al menos una entrada al día, desde hace ya varios años.
Dicho lo cual, debo decir que cuando recibí este botillo me dispuse a investigar acerca de su historia y modo de elaboración. Y me topé con la agradable sorpresa de estar delante de una elaboración cárnica que ya en el medievo tenía protagonismo, y que aparece relacionada con el Monasterio de San Pedro de Montes de Ponferrada, en donde debían de entregarse estas piezas por parte de aquellos que habitaban las propiedades y fincas pertenecientes a los monjes de San Fructuoso.
Su origen parece remontarse a la época romana, de hecho su nombre proviene del latinajo botellus que significa en su traducción al castellano, intestino.
La base de este producto son piezas troceadas procedentes del despiece porcino, que son condimentadas y embutidas en la primera porción del intestino grueso del animal. A continuación se somete a un proceso de ahumado y semicurado.
Aunque es muy típico en el Bierzo leonés, desde donde me ha sido enviada la presente pieza, también existen variaciones más ó menos próximas en Orense, Lugo, Portugal, Zamora, Asturias, Salamanca y Extremadura. Cambian los nombres y algunos ingredientes, pero en el fondo la filosofía es parecida.
Aunque es habitual comerlo cocido, junto con berza, e incluso garbanzos, en mi caso he optado por un variante, que es la patata.
Plato contundente, no apto para estómagos remilgados, que despliega un manto de pimentón, y que junto a la fécula de la patata organiza un pantagruélico ejemplo de guiso opíparo.
En cualquier compañía, el botillo es un reclamo de sabrosa estructura, que tras el cocido aparece en el plato untuosa, quebrada en diferentes partes, con esencias porcionas y magras sensaciones, que en los sentidos proclaman la personalidad de ese animal, tan fructífero en cuanto a su influencia en la culinaria española.
No me cabe duda de que la Indicación Geográfica Protegida Botillo del Bierzo hace justicia para un alimento tan nuestro que sin duda merece reconocimiento y protección, la de todos nosotros afables consumidores.
Animo a probarlo a mis lectores, no les quepa duda que este sabroso tesoro berciano no les dejará indiferentes.

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