domingo, 27 de julio de 2014

Finca Las Caraballas Verdejo 2013.




Vino catado durante una reciente visita al establecimiento logroñés localizado en la afamada calle Laurel, La Tavina.
Hablar de esta bodega vallisoletana me trae a la mente la figura emblemática de las aves rapaces, ya que fue una de las pioneras en el uso de cernícalos para gestionar el control de plagas.
Más allá, Finca Las Caraballas, presume de vino ecológico, con este monovarietal de verdejo, que sin acreditar crianza en madera, dibuja en copa parada un color amarillo brillante y con reflejos dorados, leve insinuación de evolución cromática, al menos en la botella que se nos ha presentado a catar.
La nariz es equilibrada, con algunos recuerdos de melocotón de viña, que se dejan rodear de memoranzas de melón y un punto de hierbas silvestres, relegado al final.
No encuentro notas florales, y la seña predominante es frutal, incluso diría que recordando guiños de mango, en secundarias aproximaciones nasales.
La boca es elegante desde el mismo instante de la entrada, presenta buen balance de acidez y dulzor frutal, con frescura en el avance, sensaciones untuosas, marca grasa no demasiado pronunciada.
Envolvente en el final, la retronasal apunta modos cítricos, florales, con una nota evidente de fruta de hueso, y un guiño silvestre y de hierbas aromáticas.
Es un monovarietal de verdejo peculiar, no vulgar en cuanto a su capacidad expresiva, pero si cargado de altas dosis de originalidad.
Lo califico en esta añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.
A ciegas no lo hubiese identificado como un monovarietal de verdejo, pero me ha gustado.

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