miércoles, 9 de julio de 2014

CVNE Imperial Gran Reserva Cosecha 1950.




Tiene fama la cosecha 1955 del Gran Reserva Imperial de CVNE, y si bien he tenido la fortuna de catarla y degustarla, como en alguna entrada posterior a la presente acreditaré; también debo añadir que en lo que se refiere a la que voy a comentar hoy, la de 1950; las sensaciones no son mucho menores en cuanto a excelencia y personalidad.
La etiqueta Imperial Gran Reserva es una de mis predilectas de todas las de Rioja, cuando de viejas añadas se trata. He podido catar unas cuantas y considero que de todo lo conocido hasta el día de hoy por quien este blog dirige, son sensacionales, apoteósicas, maravillosas y hasta el infinito y más allá. De ello tienen culpa dos grandes elaboradores de vinos de Rioja, como son Ezequiel Garcia y Basilio Izquierdo, leyendas vivas, no siempre reconocidos de un modo suficiente y que, lo digo sin atisbo alguno de peloteo, que los que me conocen saben no me hace falta; debieran comenzar a ser valorados en su justa medida por algunos de los presentes patriarcas del medio de la cultura vitivinícola, que se preocupan con buen criterio a veces del presente, que apenas miran al pasado y que tanto pretenden asegurar el futuro de la denominación.
Lo que los anglosajones entusiastas del Rioja denominan tempranillo blend y que suele incorporar además de la mencionada y tan riojana varietal, la garnacha, la graciano y a veces la mazuelo, se recrea en este gran reserva del Imperial de la cosecha 1950, con un buen estilo de elegancia y distinción, vitalidad aún, despliegue de una sutil finura, con un aplomo que abunda en su avance por boca, abrazando el paladar con deleite, dibujando en copa un tono rubídeo y brillante, con reflejos cobrizos, deslizando una hermosa complejidad en nariz que habla, en primera instancia y tras su descorche reciente; de notas de pólvora, exotismo de ebanistería, ahumados retozantes, para ir dejando paso, a medida que su personalidad va abriendo la puerta de la expresión; a frutas rojas maduras y licorosas, especiados en clave exótica y terrosidades que compiten con tostados, bosque y balsámicos. Hay caja de puros, hay curry, suave canela y pimienta negra. Tiene una vertiginosa dinámica expresiva, con un punto olfativo sugerente, fino y muy complejo, que va evolucinando en copa, a medida que pasan los segundos y los minutos.
La grandeza aromática de un Imperial Gran Reserva de las viejas añadas reside en el hecho de ser un vino evolutivo desde que sale de la botella, creando matices, sensaciones, explosiones controladas de fruta y madera, comenzando con un lógico cierre, y con su apertura, creando excelsos momentos de placer.
La boca es inmensa, con un magnífico balance que se desplaza con suavidad, terciopelo, sutileza, elegancia, pero también una prodigiosa frescura que mantiene la viveza del vino como si para él no pasaran los años. Un desafío al tiempo, un sello de personalidad.
Vive la acidez aún, con un redondeo vinoso perceptible, prolongado estilo, muy buena persistencia.
La retronasal camina entre senderos de guindas licorosas, cerezas, especiados variados, la madera reflejando puntos tostados, ebanistería, cueros, tabaco, pimientas, exotismo, boscosidad, balsámicos resinosos y barnices, equilibrio prodigioso válgame Dios.
La fruta y la madera puestas en una imaginaria y equilibrada balanza, madurez y golmajería.
Califico esta añada 1950 y esta botella abierta, catada y degustada de la misma, como más que muy recomendable.
Una auténtica ambrosía, una deliciosa enseña vinosa, tesoro de Cvne y de Rioja.

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