lunes, 21 de julio de 2014

Celler Joan de la Casa Terra Fiter 2008.



Agradezco de nuevo a los responsables de esta bodega de la Marina Alta de Benissa, en Alicante; su desinteresada contribución con este espacio de divulgación de la cultura vitivinícola, mediante el envío de dos muestras de sus principales referencias.
Habiendo catado y escrito ya sobre el moscatel un tanto sobremadurado y apodado Nimi, en edición de añada 2012; me dispongo ahora a comentar mis impresiones acerca de este Terra Fiter, de la cosecha 2008.
Es un vino tinto, que también acredita una sugerente sobremaduración, y que se compone de una fusión varietal de ull de llebre y giró, con una crianza en barricas de roble por un periodo de dieciocho meses. La tempranillo, tal y como se denomina en Cataluña y Levante (ull de llebre) y la excéntrica giró, formando una peculiar pareja de baile vinoso, mostrando en copa parada un color apicotado con algunos reflejos grana, indicios de algún nivel de sobremaduración cuando acercas la copa a la nariz, esbozando tonos especiados marcados, ahumados y algún tono de cuero, con la fruta un tanto agazapada en el inicio, a medida que se agita la copa van surgiendo evocaciones de fruta roja licorosa y un fondo de mineralidad, que trae sensaciones de terrosidad.
Me suele gustar leer, después de afianzar mis notas de cata en la agenda del iphone, lo que dicen otros de los vinos que cato. A veces se coincide, otras no, e incluso otras me da la sensación de que se escribe sin haber catado el vino del que se habla.
No entiendo algunas crónicas que he leído sobre este Terra Fiter, algunas que lo anuncian como un vino fresco, muy frutal en su expresión. No creo, salvo error por mi parte; que este sea un vino cuyo padre espiritual haya bautizado con esas virtudes. Primero, presume, lo cuál no siempre me parece fatídico pese a los que digan algunos puristas; de una más que evidente aunque decorosa, sobremaduración. Segundo, la madera inclina la balanza a su favor en detrimento del componente frutal. Y tercero, no es un vino fresco y lozano, más bien recuerda, en alguna medida;  en la aromática a algunas credenciales expresivas de viejas añadas de Rioja que no hace mucho he tenido la suerte de catar.
Los aromas procedentes de la madera sobrepasan por momentos al punto frutal, y si bien se expresa con correcta armonía en el avance y el paladar, abraza la seña de personalidad de una fruta licorosa, digna eso sí; pero no fácil de entender por cualquier bebedor habitual de vino.
Acidez en clave media, con taninos golosos y pulidos, media alta persistencia, forjando una retronasal que habla de cerezas y ciruelas, guiño frutal exótico, especiados marcados, canela, curry y pimienta, con una nota de ebanistería y cuero, armando un epílogo, que expresa una rotunda sensación de terrosidad, precedida por un sabroso amargor.
Vino complejo, que califico en esta añada 2008 como recomendable.
Lo que puedan parecer a primera vista defectos, no sólo no lo son, sino que añaden un semblante de originalidad a un vino llamado a ser compañero de reuniones invernales. Aporta calidez, y demuestra estar encantado de presumir de esa cordial sobremaduración.

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